sábado, 3 de enero de 2026

Velas

Por Constantinos Cavafis 

Los días del futuro se yerguen ante nosotros
como una hilera de velas encendidas–
velas doradas, cálidas y vivaces.

Los días del pasado quedan atrás,
lúgubre hilera de velas apagadas;
humeantes aún las más cercanas,
velas frías, derretidas y dobladas.

No quiero verlas; me apena su aspecto,
y me apena recordar su luz primigenia.
Miro adelante mis velas encendidas.

No quiero darme vuelta para no ver y horrorizarme–
cuán rápido va alargándose la hilera sombría,
cuán rápido van creciendo las velas apagadas.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Barton Fink nunca estuvo allí


Por Marcelo Damiani

Barton Fink (1991) es la única película que los hermanos Coen bautizaron con el nombre completo de su personaje principal. De esta forma, irónicamente, no sólo convirtieron al fallido guionista en una suerte de cifra crítica del artista comprometido, sino que también se atrevieron a verbalizar sus vericuetos mentales, al final de cuyo recorrido, según él mismo confiesa, espera encontrar una abstracción metafísica: “El Hombre Común”. Por lo visto, Barton no sabe (o no recuerda) que el sueño de la razón (como su hermanita menor, la imaginación) engendra monstruos (como su vecino, el asesino), y que por lo tanto la vigilia puede ser una verdadera pesadilla. Tal vez todo lo que necesitaba para resolver sus problemas existenciales era un buen corte de pelo –porque el pelo es el deseo, ¿no? Una lástima, ya que justo por ahí cerca andaba Ed Crane, el peluquero protagonista de El hombre que nunca estuvo (2001). La distancia entre una y otra película es la misma que va de la víctima al victimario, de la opacidad del absurdo a la melancolía de la tragedia; de la excelencia de la imagen a la música de la perfección. Las sonatas de Beethoven, así, son el acompañamiento ideal para la trama de este barbero que quería ser lavandero, pero que rápidamente se convierte en asesino casual, y luego, del mismo modo que Barton, en fantasma social. Ambos personajes, ambas películas, ambos creadores, parecen perseguir una imagen acústica de lo indecible, a veces similar a la belleza hechicera de ciertas formas femeninas, siempre inalcanzables, a pesar de que estén ahí adelante, en la pantalla, de espaldas a nosotros, haciendo como que tocan el piano o contemplando el mar al mediodía, mientras las olas rompen contra la
playa y una gaviota se burla, cínicamente, de nuestra profunda perplejidad existencial.

viernes, 3 de octubre de 2025

Tres tristes tigres

       "El número tres, el adjetivo triste y el nombre común tigre se reunen nada más que en función de dificultar la pronunciación...

Me gustaba, además, la justicia sin duda poética del didactismo un día metódico del trabalenguas, que terminó en puro juego sin sentido, y por otra parte, la inevitable connotación metafísica entre esa fiera entre todas las fieras, ese animal que es, como la liana, epítome de lo salvaje y de lo exótico, habitantes de otros trópicos, y el sentimiento de malestar difuso que se llama tristeza, el más 'literario' de los males metafísicos y el más 'humano' de los estados de ánimo animales, expresado con una palabra típicamente latina. Además de que toda mi vida me ha perturbado la temible asimetría del tres que brilla oscuramente en el bosque de la mente."

Guillermo Cabrera Infante

domingo, 3 de agosto de 2025

¡Feliz cumpleaños!

“Veinte años no es nada”, dice el famoso tango “Volver”. Se equivoca, claro, y también tiene razón. Es mucho tiempo, por un lado, pero por otro, una vez pasado, poco queda, y tiende a nada. Tal vez por eso dudé en hacer este posteo recordatorio, de cuando fue publicado el libro que dio origen a este blog. Eran otros tiempos, por supuesto, y nada hacía prever este futuro anterior que nos tocaría vivir. No obstante, no estaría bien negar algunos de sus pequeños logros: Valorado por gente que valoro, reseñado en diversos medios nacionales y foráneos, traducido total o parcialmente a varias lenguas, presentado en ciudades del país y del extranjero, publicado en Francia e Italia, poseedor de una curiosa versión teatral, El oficio de sobrevivir me ha permitido llegar a lugares y personas que difícilmente hubiera podido conocer de otra manera. Y seguramente aún tiene mucho más para dar de sí. Por todo ello: Feliz cumpleaños, querido veinteañero. ¡Y salud!

jueves, 3 de abril de 2025

Guillermo Cabrera Infante

Por Marcelo Damiani

   El pasado 21 de febrero se cumplieron 20 años del fallecimiento de Guillermo Cabrera Infante. Fue en Londres, donde estaba exiliado desde 1965, luego de una séptima septicemia. Tuve la suerte de conocerlo a principios de este siglo, disfrutar de su gran (sexto) sentido del humor (erótico), intercambiar opiniones sobre cine y literatura, y con el tiempo, cuando le tocó partir, llegué a entablar una fuerte amistad epistolar con su musa, viuda y albacea, la inigualable Miriam Gómez. 

   En otros lugares ya he contado mi fascinación por su primer personaje notable: Caín (pariente potencial del Tomatis de Saer). También, como muchos, he sido hechizado por sus grandes libros: Tres tristes tigres (1967), La habana para un infante difunto (1979) y Holy Smoke (1985). Este último escrito en un inglés brillante, a la altura del que enarbolaron los otros dos famosos exiliados lingüísticos: Conrad y Nabokov. Pero estas líneas no son para elogiar o recordar sus logros, sino para dejar constancia de mi sorpresa. Nadie, a 20 años de la desaparición de uno de los grandes escritores del siglo XX, ha escrito nada al respecto. La conclusión parece evidente: Esta época, sin duda abyecta, no se lo merece.

lunes, 3 de febrero de 2025

Un día con Bolaño II

Por Marcelo Damiani

       Releo lo antedicho y me doy cuenta que es como dice Tiago (el aventurero lector que me conminó a escribir esto): Parece el principio de una clase. Tal vez no esté mal. O tal vez he dado demasiadas clases de Bolaño (más de 30, ahora que lo pienso). Pero lo cierto es que en esa época seguramente no hubiera podido. Así que podría recordar que en aquel momento estaba fascinado por el aire marino, el azul brillante del mediterráneo y el bamboleo de los trenes que me llevaron a Barcelona primero y a Blanes después. La combinación de paisaje en tránsito con buenas lecturas fue coronada por las acogedoras callecitas del pueblo costero que atestigua una foto que aún conservo. 

       Me han dicho que tan sólo unos años más tarde esa misma zona habría de convertirse en lugar de peregrinaje de jóvenes de pelo largo con aspiraciones literarias. El poder del mito.

       Así, de pronto, ya estaba frente a la puerta señalada. Toqué el timbre esperando que me abriera cualquier persona menos Bolaño. Pero fue él quien lo hizo, con su pelo alborotado, los lentes medio caídos y una sonrisa entrañable. Era como si desde el primer momento quisiera hacerme sentir en casa, a pesar de la distancia que nos separaba de nuestros respectivos países de origen. Tuve la rara sensación de que era como volver a estar con un amigo a quien nunca había conocido antes en persona. Una familiaridad que sólo aparecía ante ciertos autores que uno admiraba y que ellos agradecían en silencio con su amabilidad.

       Nos sentamos en un amplio living. Su mujer nos sirvió unos cafés con algo para picar mientras hablábamos. Pero esta charla previa no era parte del reportaje. Es más, parecía como si él me estuviera entrevistando a mí en vez de yo a él. No recuerdo casi nada de lo que se dijo en ese momento porque eran trivialidades sobre los viajes, personas que ambos conocíamos, algo de política y el tema del momento, la llegada del nuevo milenio. Incluso me acuerdo que estuvimos un rato hablando de cine y tampoco lo consideré muy importante. Hoy en día aún a veces me reprocho no haber encendido el grabador para que todo eso quedara documentado y eventualmente luego decidir si valía o no la pena transcribirlo y usarlo para la nota que iba a publicar. 

       Pero cuando saqué finalmente el grabador y me dispuse a comenzar formalmente el reportaje Bolaño se puso de pie diciendo que tenía hambre. El viaje desde Alemania le había abierto el apetito. Me preguntó si me gustaba la comida china, mi favorita en esa época, y ante mi respuesta positiva anunció que iríamos a almorzar a su restaurante favorito, muy cerca, sobre la playa, casi a la vuelta de la esquina. Así que llamó a su mujer, a su hijo Lautaro, y yo me sumé al clan como un nuevo miembro más. Era casi como un domingo en familia.

viernes, 3 de enero de 2025

David Lodge dejó el campus

Por Marcelo Damiani

       Mi amigo Alan Moon fue el primero que me habló de David Lodge. Un profesor universitario que dejó la vida académica para escribir ficciones sobre ella, adentrándose en ese subgénero que acá casi no existe: La novela de campus.

       Lodge fue uno de los grandes autores humorísticos ingleses del siglo XX. Su trilogía "Campus" no es sólo divertida, sino que también muestra el estado al que ha llegado la vida académica del primer mundo de manera brillante.


       Tuve la suerte de conocerlo, charlar con él en más de una ocasión, y también que me concediera una entrevista. En Inglaterra, tampoco dejé de notar que había cierto desdén hacia su obra, en el mismo ámbito que retrató mejor que nadie.

        En la entrevista que me concedió, allá lejos y hace tiempo, confesaba que "Small World" era la novela que más le gustaba de las que había escrito, y que cuando la hojeaba aún le hacía sonreír. No creo que muchos autores "serios" puedan decir lo mismo sobre algunos de sus libros.

       La entrevista completa acá.

martes, 3 de diciembre de 2024

Un día con Bolaño

Por Marcelo Damiani

       El congreso de jóvenes escritores iberoamericanos había terminado la noche anterior con una fiesta de la ficción finisecular. Pero esa mañana madrileña de sábado lo único que me interesaba era el reportaje que tenía pactado para el día posterior: Iba a entrevistar a Roberto Bolaño. 
       Varias inquietudes me perseguían en aquel momento, ya un cuarto de siglo atrás. Primera: Todo había sido acordado con la esposa, a través de entrecortadas llamadas telefónicas que no generaban ninguna seguridad de lo pactado. Segundo: La cita dependía de varias conexiones de aviones y trenes que debían salir bien; cualquier falla de alguna y la cosa se cancelaba, no había posibilidad de hacerla más adelante. Tercero: Era mi primera vez en España, en Europa, y tenía serias dudas de mi capacidad para llegar en tiempo y forma a Blanes, el pequeño pueblo costero de la Costa Brava que el escritor trasandino había elegido para vivir; lugar, por cierto, que en menos de un lustro se convertiría en el sitio de peregrinaje literario más célebre del nuevo milenio. Cuarto: Si bien ya había entrevistado a varios autores, aún no sentía que dominaba el oficio, y especialmente en este caso me sentía bastante inseguro con las preguntas que había anotado en mi libreta de notas antes del viaje. Quinto: Esperaba que el trayecto en tren que me llevaría de Madrid a Barcelona me inspirara para mejorarlas; mientras tanto, aprovecharía el tiempo para releer algunos de esos textos únicos que me habían generado el deseo de conocer a ese chileno trotamundos, aún a sabiendas de los riesgos de decepción que suelen acarrear estos encuentros. 
       Yo había empezado a leerlo algunos años antes por recomendación de mi amigo Fernando Toloza, trágicamente fallecido en un accidente de tránsito. En esa época uno de nuestros termas de conversación eran los concursos literarios. Mejor dicho: La falsedad de los mismos. En otras palabras: Todos siempre estaban arreglados, de una forma o de otra. Entonces él me comentó que acababa de leer un cuento genial al respecto: "Sensini" de Roberto Bolaño. Cuando escuché el nombre pensé que se trataba de una narración futbolera de su coterráneo Fontanarrosa, y el nombre del ignoto autor me sonó al de un actor mejicano famoso por interpretar un solo personaje durante toda su vida. Descarté la posibilidad de una broma porque Fernando no era adepto a ellas, y lo escuché elogiando la narración sin tratar de arruinar mi posterior lectura. No lo hizo, por supuesto, y al día siguiente ya le estaba agradeciendo ese regalo invaluable que me había hecho. Porque luego de leerlo de una sentada sentía que acababa de leer el mejor cuento escrito recientemente por alguien vivo, compitiendo con mi debilidad por la obra de Saer, cuyos libros esperaba con avidez. 
       "Sensini" era un cuento epistolar (no recordaba haber leído otro así) que jugaba con la experiencia del autor y su admiración por otro escritor (personaje que apenas esconde a Antonio Di Benedetto) con quien el protagonista quería entablar una amistad. Tenía un tono afectivo (cortazariano) exquisito y un manejo excelente de la política en segundo plano que recordaba las mejores novelas Saer. Finalmente, por si todo esto fuera poco, era una verdadera lección de literatura, dictada de manera casual, y sin excluir sutilezas sobre el controvertido tema del deseo. No tardé mucho en convencerme de que era lo mejor que había leído en mucho tiempo y que quizá también, lamentablemente, nada que escribiera Bolaño en el futuro podría superarlo. Creo que aún hoy sigo pensando así. Tal vez por eso ya no puedo leerlo como aquella primera vez.
       De ahí a tomar la decisión de entrevistarlo no había más que un paso, y la inesperada invitación al Congreso fue el empujón que faltaba. Además, en aquella época, Bolaño no era el escritor famoso en el que su temprana muerte lo convertiría. Era un escritor casi secreto, aunque ya no clandestino, a punto de convertirse en un escritor de culto. Era el momento ideal.

Continuará.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Signos (Blog) vitales

       La verdad es que no acostumbro a hacer posteos personales o por encargo, y tal vez esta vez sea la única excepción, para desafiar la regla, claro. Pero un lector, acaso el único real o válido, me ha señalado que tengo abandonado este blog, y tiene razón. En realidad me lo va a señalar en diez días, y yo, sorprendido y agradecido, por medio de la magia o trampa de la tecnología me las arreglaré para responderle de antemano con estas tres cuestiones que detallo aquí abajo.

       Primero: Tema Bolaño. La entrevista que me concedió ya ha cumplido un cuarto de siglo, pero para mí es como si hubiera sido ayer. Esa mañana de domingo nublada en Barcelona, el viaje en tren hasta Blanes disfrutando de la costa azul, la caminata por el pueblo y el día que pasé charlando con él rodeado de su familia, comiendo y riéndonos como amigos, difícilmente podría olvidarlo. Quizá algún día debería escribir sobre todo eso en detalle, ¿no? Un día con Bolaño, podría titularse. 

       Segundo: Signos vitales. Mi libro, publicado hace tres años, no sería estrictamente una novela, sino más bien una antología personal. Tuve la suerte de poder volver a mi primera editorial, luego de algunas malas experiencias con otras más grandes, pero menos cálidas. Fue como un fin de ciclo antes del inicio de otro. Casi todos los cuentos que componen el volumen pueden encontrarse en este blog, aunque un poco desordenadamente, empezando por el prólogo y terminando acá.

       Tercero: Muchas gracias, Tiago. Te debo una. Saludos. M.D.

jueves, 3 de octubre de 2024

El monolito y los monos de Héctor

Por Marcelo Damiani

       Héctor, como todos los grandes escritores del siglo pasado, era un amante del cine. Fuimos a ver juntos la obra maestra de los hermanos Coen: “The Man Who Wasn´t There” (título que homenajeó en "El lugar que no está ahí"). Le tenía especial cariño a “La soledad del corredor de fondo” de Tony Richardson, tal vez porque se identificaba un poco con su personaje principal: Colin Smith. No tanto por su capacidad para correr largas distancias, sino más bien por saber cuándo detenerse. 


       Por último, una de sus películas favoritas era “2001. Odisea del espacio” de Stanley Kubrick, especialmente por la escena del monolito con los monos, porque era una metáfora brillante de la relación entre la literatura y los lectores. Alguna vez, incluso, habíamos jugado con la idea de hacer una verdadera instalación que emulara el monolito ya intervenido por los monos, puesto que ellos, sin duda inspirados y geniales, con sus cinceles rudimentarios de huesos, habrían de convertirlo rápidamente en una magnífica letra Hache (ahora sí: Mayúscula).

El prólogo completo a la edición italiana de "El árbol de Saussure" acá.

miércoles, 3 de julio de 2024

Als die Nazis die Kommunisten holten

Martin Niemöller

Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr, der protestieren konnte.