La fotografía es una forma estática de la inmortalidad.
Salvador Elizondo
Artículos periodísticos, ensayos literarios, entrevistas a escritores, poemas y algo de ficción.
Me gustaba, además, la justicia sin duda poética del didactismo un día metódico del trabalenguas, que terminó en puro juego sin sentido, y por otra parte, la inevitable connotación metafísica entre esa fiera entre todas las fieras, ese animal que es, como la liana, epítome de lo salvaje y de lo exótico, habitantes de otros trópicos, y el sentimiento de malestar difuso que se llama tristeza, el más 'literario' de los males metafísicos y el más 'humano' de los estados de ánimo animales, expresado con una palabra típicamente latina. Además de que toda mi vida me ha perturbado la temible asimetría del tres que brilla oscuramente en el bosque de la mente."
No habría que olvidar, además, que “Continuidad de los parques” está protagonizado por un lector, un
lector como nosotros; un lector, en todo caso, interesado en huir de su
rutina aristocrática a través del policial. Este género, como es bien
sabido, no sólo trae consigo la promesa de conclusiones
tranquilizadoras, sino también la de aventuras y emociones fuertes, una
suerte de subsistencia sustituta para quienes añoran (y sobre todo
temen) una vida peligrosa. El problema, por supuesto, es cuando esas
circunstancias dejan de ser ajenas y empiezan a tomar un cariz personal.
El cuento explora esta posibilidad a fondo, cuestionando una de las
certezas primordiales que sustentan nuestra relación con la lectura.
Leemos libros para disfrutar del espectáculo de la vida y los peligros
del mundo sin la posibilidad de la muerte. La página literaria, como la
pantalla cinematográfica, es una barrera de protección poderosa. Sin
embargo, el texto demuestra que puede convertirse en un espejo molesto, y
a veces incluso devolvernos esa imagen de nosotros mismos que nunca
queremos ver a sangre fría. A saber, la imagen de nuestro propio rostro
sumido en el fango de la ficción, socavando los cimientos de la
realidad.
Ricco di riferimenti alla letteratura (già il titolo rimanda a Il mestiere di vivere di Cesare Pavese) e al cinema (aspetti che Marcella Solinas mette in luce nella postfazione), il romanzo dello scrittore argentino Marcelo Damiani, in cui si sente l’inevitabile eco di Borges, non è solo un piacevole divertimento letterario: la sostanziale incompletezza e la sospensione delle figure porta ciascuna di esse ad affacciarsi sulle questioni ultime e qualcuno – León Tolver – tenca anche di dare a esse voce. All’uomo le possibilità paiono infinite e la vita eterna, anche se in realtà non è così, poiché in fondo tutte le costruzioni – anche la letteratura – cercano soltanto l’eternità, cioè la negazione dei limiti della vita umana (in questo romanzo c’è addirittura uno scrittore di prologhi morto che parla). Persino la vita è una costruzione (una finzione, una replica, Vivere è un plagio si leggeva) che si cerca di rendere credibile.
Hace diez años
aparecía mi libro El oficio de sobrevivir, cuyo excelente diseño de tapa pertenece a Gabriela Di Giuseppe. Casi diez años me llevó escribirlo, casi diez años más me llevó
terminar la trilogía involuntaria que inesperadamente continuó con él. Más de
diez grandes satisfacciones me ha dado en este tiempo, y espero que muchas más
de diez sean las que aún me tenga reservadas para el porvenir. Por todo esto:
¡Feliz Cumpleaños, y salud!