viernes, 3 de diciembre de 2010

Presentación de El efecto Libertella

Por Ezequiel Alemián

       En un bar lleno de amigos, lectores devotos y curiosos que pasaban por ahí, se presentó la semana pasada un libro sobre Héctor Libertella, quien murió hace 4 años. El bar era el Varela Varelita, en Scalabrini Ortiz y Paraguay, donde una foto recuerda el lugar que el escritor ocupaba ahí casi a diario. El libro, El efecto Libertella, es una recopilación que hizo Marcelo Damiani de artículos sobre el autor de La arquitectura del fantasma, entre otros libros fundamentales de la literatura argentina de los últimos 40 años.
       El escritor y ensayista Rafael Cipollini, después de recordar que a Libertella le gustaba considerarse un tarahumara –“alguien que está fuera del templo”, dijo– señaló cinco tópicos de su aventura literaria que han ido sedimentando en las nuevas formas de pensar la escritura. “Porque todos estamos yendo hacia Libertella”, dijo Cipollini.
       Entre los tópicos del “círculo libertelliano”, que emergen en los distintos artículos del libro figuran, según Cipollini, la reescritura constante de los propios textos, (“como una suerte de remix de sí mismo”); la idea que tenía Libertella de que lo que escribía era parte de una obra completa, casi como si pensara su obra después de muerto; el “hacer ficción con la teoría y teoría con la ficción” y la situación bifronte de una literatura tironeada por las exigencias del mercado y por el espíritu de gueto.
       El efecto Libertella (Beatriz Viterbo) incluye testimonios de la amistad con el escritor, como en los textos de César Aira y Ricardo Strafacce, y otros que reflexionan sobre su obra, como los de Martín Kohan, Alan Pauls, Laura Estrin o Damián Tabarovsky. El texto de cierre, de Ariel Idez, es una crónica de la última entrevista que dio...

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jueves, 2 de diciembre de 2010

¡Vivan los celulares! ¡Viva el Congo!

Por Laura Siri

       Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas, publicado en febrero de 2008, los teléfonos celulares están ayudando a disminuir la brecha digital. Dicho estudio también resalta que los subscriptores a telefonía celular casi se han triplicado en los países en vías de desarrollo en los últimos cinco años, y ahora representan cerca del 58 por ciento de los usuarios en todo el mundo. Se estima que ya hay unas 3000 millones de personas con celular. Particularmente, "en África, donde el incremento en términos de número de subscriptores de teléfonos celulares y el ingreso al mercado ha sido el mayor, esta tecnología puede mejorar la calidad de vida de la población en general", asegura el informe. El problema es que, justamente en África, más concretamente en el Congo, la explotación de un material necesario para la fabricación de celulares está impulsando conflictos bélicos terribles. Se trata del coltan, denominación usual de la aleación de dos minerales: Columbita (col) + Tantalita (tan). Este material es vital para fabricar aparatos electrónicos, centrales atómicas y espaciales, misiles balísticos, videojuegos, equipos de diagnóstico médico, trenes magnéticos y fibra óptica. Pero el 60 por ciento de su extracción y comercialización se destina a fabricar condensadores para teléfonos móviles y, al parecer, no se puede reemplazar por otra cosa. El 80 por ciento de la producción mundial de coltan viene del Congo. Y las disputas por el control de su producción están generando cruentas catástrofes humanitarias desde hace más de una década. Se estima que sólo en la región operan 23 grupos armados y todos van detrás de lo mismo: la riqueza mineral. Además, según un informe del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas difundido en el 2001, algunas trasnacionales de celulares financian a través de intermediarios clandestinos a los bandos en pugna. Entonces, a pesar de su contribución para que el resto del mundo pueda tener celulares a granel, la República Democrática del Congo es uno de los países más pobres del globo, donde miles de desplazados deambulan en medio de todo tipo de peligros y sin los servicios humanitarios más elementales... Parece que para que en muchos lugares del mundo se disfrute de ciertos adelantos técnicos, el precio pueden ser condiciones infrahumanas de vida en algunas regiones olvidadas.

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

El espíritu enfermo

Tragedias familiares de Marcos Rosenzvaig reúnes tres inmersiones del autor en el universo del teatro clásico... “Un motivo transversal a las tres piezas,” como muy bien anota María Gabriela Rebok en el prólogo, “es el imperio violento de la enfermedad.” El sustento teórico de este hilo conductor se encuentra en el penúltimo libro publicado por Rosenzvaig: El teatro de la enfermedad (2009). Allí hay un recorrido notable, desde la antigüedad hasta nuestros días, guiado un poco por el fantasma de Susan Sontag, por las metáforas y las significaciones de la enfermedad en los grandes momentos del teatro. Así, acá, la mayoría de los personajes están enfermos, enfermos por el destino (o la existencia), por la pasión (el amor enfermo, acaso la nueva versión del amor loco) o por la fe (la religión como enfermedad). Rosenzvaig parece haber captado el núcleo excesivo, adiposo, de toda enfermedad, y con este duro diagnóstico vital, se convierte en una suerte de doctor especial que, en términos de Deleuze, es un título reservado para los pocos autores que logran captar el espíritu de su época, ese paciente rebelde que nunca hace caso y que prefiere morir a curarse. El doctor Rosenzvaig, quizá, también está consciente de esto.

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