martes, 3 de diciembre de 2019

Lotería


"En la lotería de la existencia, los números perdedores son invisibles."


Stanislaw Lem

jueves, 3 de octubre de 2019

La dýnamis de La Distracción

Por Roberto Elvira Mathez

       Un crítico de cine cubano sometido a extraños experimentos estéticos; dos de sus discípulos viajan a la costa Oeste de Canadá a un retiro de artistas e intelectuales; Al Rayn, un bandido en los márgenes de Laos, cae al vacío tras la búsqueda del Dragón que asesinó a su padre; reseñas de Citizen Kane, Vertigo y Barton Fink; el prólogo de un supuesto muerto vivo. Todos estos elementos circulan en la novela La Distracción de Marcelo Damiani, a merced del lector para ponerle orden. Un orden que, como dice Foucault, citando “El idioma analítico de John Wilkins” de Borges, nunca es dado y siempre es una construcción, construcción que nosotros buscaremos desarrollar distrayéndonos, como corresponde según la novela, en la génesis literaria de Damiani. 

        Algunos se atreven, a pesar de la polifonía de la literatura argentina, a encontrar, desde mediados de siglo pos-boom, dos corrientes marcadas que divergen por la predominancia de una u otra rama de Saussure: la forma o el contenido. La primera imponiéndose con Saer, perpetuándose con Libertella, y la otra remontándose desde Walsh hasta Piglia. En la continuación de ambos, podemos señalar al más próximo heredero de la primera corriente: Marcelo Damiani. Así, pareciera no ser solamente anecdótico que cuando se conjuró el concurso de novela de Clarín en 1998, la atención se concentrara en el segundo premio: Damiani y su segundo libro: El sentido de la vida.
        Ninguna novela, como el Ulysses de Joyce, probablemente tenga una trama tan fácil de describir (24 horas en la vida de Bloom y Dedalus en Dublín), y al mismo tiempo sea una de las más difíciles de leer. Algo parecido podría decirse de El limonero real o Nadie nada nunca de Saer, a quien Damiani llegó a entrevistar en París, donde terminó por residir el autor santafesino luego de que se mudara allí en el 68 La Distracción le sigue los pasos. En pocas palabras, la obra gira en torno a dos críticos de cine uruguayos, Reynaldo Gómez (personaje clave en su novela anterior: El oficio de sobrevivir) y Nicolás Campriglia –quienes conforman el seudónimo Reyni, para elaborar y firmar sus escritos– que van becados a The Banff Centre for The Arts. Algunos, equivocadamente, por la presencia de lo académico, han pretendido situar la novela en el género campus, con referencia a la figura universitaria de alguno de estos de personajes de La Distracción. Sin embargo, la definición limita el alcance de la obra, a la cual inscribimos dentro de que podríamos llamar Bourdiano (o a lo Bourdieu), donde se ponen en relación las maneras de producción de capital cultural (reseñas fílmicas) con los espacios de recepción (ámbitos escolares) y confirmación (BANFF), pero en cuya crítica no encontramos la mera delación de la disparidad económica (que está), ni un cinismo insoluble que cae en la descripción. Es aquí donde la filosofía toma su lugar.
        Esta tangente hermenéutica, la de la filosofía, no solamente se expone claramente en esta novela, sino que corresponde a la obra previa del autor, que, a la manera de hilo de Ariadna, deja señales para guiarnos. Así, Hermeto, de quien hablaremos a continuación, es el alumno de Tolver, profesor de filosofía que protagoniza un capítulo de El oficio de sobrevivir, donde Nietzsche y su eterno retorno estructuran la narración. El contraste con La Distracción, cuya estructura se basa en la elusión, nos hace concentrarnos en este capítulo, “Hermeto”, para buscar una clave de lectura.
        Podemos arriesgarnos a decir que bajo la premisa de la distracción de Derrida, a la cual hace referencia el título y luego es hecha eco a través del personaje de Hermeto, nos encontramos frente a la construcción narrativa de una comunidad intelectual latinoamericana que no se maneja a través de una lógica de capital determinista o una ideología política, sino que revela el poder de lo que en Le parjure, peut-être “brusques sautes de syntaxe” del filósofo francés consiste en el otro lado y el mismo de la moneda, a lo Zahir, del pensar, o mejor dicho, del no-pensar, que componen una(s) unidad(es) indisoluble(s). Así, retomado la novela, la distracción, como categoría, se vuelve el motor de los personajes:
                “…volvía a experimentar la fuerza, el despliegue de su destello de lucidez, mezclado con la visión de la magnífica espalda llena de lunares de su compañera, y cual artero Arquímedes golpeado por la manzana de Newton, a punto de gritar Eureka, no podía evitar la naturalidad con la que daba el salto hacia adelante, el salto cualitativo, apenas empañado por la sospecha perturbadora de que tal vez nunca más volvería a ver a Clara después de esa noche, en la que su eventual unión sería también el principio de su definitiva separación; no podía evitar que su cuerpo fantasmal se levantara al unísono de la silla del aula y del bar platónico, saliera a la noche de invierno y de verano, nublada y húmeda y llena de estrellas y clara, y murmurara para sí la tan ansiada respuesta a la pregunta de Leibniz, de Schelling, de Heidegger, mientras Tolver y Clara lo arrastraban fuera de su ámbito, de su mundo, sin escucharlo, sin oír la única, la verdadera razón de que siempre, pero siempre, haya algo, y no, claro, más bien nada, sin percibir la doble revelación que él acababa de experimentar, la epifanía del poder absoluto y la secreta belleza de la distracción” (La Distracción, Damiani: pp. 110).
        Y es aquí donde encuentro lo revolucionario de la novela, en la posibilidad de escaparse a las categorías que han inundado la literatura argentina y latinoamericana, superando los conceptos deterministas y binómicos de estructura y superestructura, hegemonía y contra-hegemonía, para introducir finalmente en nuestro vocabulario coloquial, al lado de las letras de tango y los cuentos de Cortázar, palabras como différance, dýnamis, distracción.


Publicado en LL Journal, CUNY, Vol. 12, N°1, CUNY, NY, Mayo 2017.

martes, 1 de octubre de 2019

1129

                  Emily Dickinson

Tell al the Truth but tell it slant—
Sucess in Circuit lies
Too bright for our infirm Delight
The truth’s superb surprise
As Lightining to the Children eased
With explanation kind
The Truth must dazzle gradually
Or every man be blind—

sábado, 3 de agosto de 2019

The only poem

                                 By Leonard Cohen

This is the only poem
I can read
I am the only one
can write it
I didn´t kill myself
when things went wrong
I didn´t turn
to drugs or teaching
I tried to sleep
but when I couldn´t sleep
I learned to write
I learned to write
what might be read
on nights like this
by one like me.

lunes, 1 de julio de 2019

Granada literaria I

Por Marcelo Damiani

       Cuentan que Borges, siendo adolescente, visitó Granada en compañía de sus padres, y, como les pasa a casi todos, quedó totalmente enamorado de la ciudad. Muchos años después, ya invidente, quiso volver, y una persona incalificable, de cuyo nombre no quiero acordarme, en la Alhambra, le leyó los versos de Francisco Asís de Icaza: “Dale limosna, Mujer, / que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada”. 
       Cuánta razón tenía don Francisco… 

       El texto completo acá. 

lunes, 3 de junio de 2019

Le sens de la vie

Par Marcelo Damiani

       Marianne et moi entrons dans le café au moment précis oú les lumières s´éteignent et oú Gabriel commence à jouer mon morceau préféré : Vitesse. Nous nous arrêtons sur le seuil, comme si l´atmosphère du lieu était trop dense et qu´une légère contamination de nos corps était nécessaire avant de pouvoir aller plus loin. J´ouvre et je ferme les yeux à plusiers reprises afin qu´ils s´habituent au novel éclairage. Peu à peu, les formes diffuses de Gabriel se dessinent, immuables, sur la scène. Nu, comme toujours, son corps s´amuse à fuir les ombres tandis qu´il courtise la lumière vacillante. Son mouvement, devenu un jeu désagréable, se met à répandre l´illusion d´un rythme contagieux.

miércoles, 3 de abril de 2019

lunes, 1 de abril de 2019

Deseo

                                              Por Marcelo Damiani

Uno tendría que poder morirse de vez en cuando

así
                                     sin remordimientos

la muerte debería ser un estado de ánimo

compartido
                                 por el cuerpo

todos quisimos morir algún día

y sería bueno poder decir

          simplemente:

Hoy estoy muerto.


Una versión en francés acá.

viernes, 1 de marzo de 2019

Canción cubana

Por Guillermo Cabrera Infante

¡Ay, José, así no se puede!
¡Ay, José, así no sé!
¡Ay, José, así no!
¡Ay, José, así!
¡Ay, José!
¡Ay!

domingo, 3 de febrero de 2019

Leyendo a S. Freud

                          Por Cristina Peri Rossi 

 

Leo, en un viejo ensayo de Freud: 

"La vida siempre provoca malestar". 

¿De modo que esta desazón 

estas ganas de huir a ningún lado 

este aburrimiento de la gente 

y aun de las cosas amadas 

este malhumor matinal

 

       eran, al fin de cuentas, la vida?

viernes, 1 de febrero de 2019

El secreto de la vida


The secret of life is honesty and
 fair dealing. If you can fake
that, you`ve got it made.

Groucho Marx

jueves, 3 de enero de 2019

Máquina Woody

"El suplicio es siempre no poder desprenderse de uno mismo."

Sören Kierkegaard


Alguna vez afirmó que lo único que lamentaba era no ser otra persona, tal vez sin darse cuenta que ahí no sólo condensaba su filosofía de vida, sino que también proporcionaba una de las claves quizá más importantes para contemplar su obra. Allan Stuart Konigsberg siempre quiso ser otro. Por eso rápidamente se apodó Woody, a mitad de camino entre el chiste fácil (woody en slang es la famosa stýsi griega), la caricatura (Woody Woodpecker es El Pájaro Loco) y el ideal masculino inalcanzable: Bogey (apodo de Humphrey Bogart). No es casual que uno de sus primeros grandes éxitos sea la obra de teatro Play it again, Sam (1969) donde utiliza la figura de su ídolo y el final de la ya por entonces mítica Casablanca (1942) para construir por contraste su propio personaje. Así, en Sueños de un seductor (1972) de Herbert Ross, basada en su propia obra, Woody encarna a Allan Felix, tímido y torpe como él solo puede serlo, especialmente cuando hay una mujer cerca, a excepción de la esposa de su mejor amigo: Linda (Keaton). Los grandes momentos del film suceden cuando la inseguridad de Allan proyecta la figura de Bogart.
Siempre seguro de sí mismo, con el infaltable impermeable gris, Bogey encarna a una suerte de mentor fantasmal que le imparte a su pobre pupilo duros consejos sobre cómo tratar a las mujeres. Así, Woody se postula como una parodia de Bogey, aunque es el imaginario de Woody el que proyecta a Bogey. El procedimiento funciona así: Cuando la incertidumbre paraliza a Woody, llevándolo al monólogo o al soliloquio, allí aparece Bogey (para impulsarlo a actuar); y cuando Woody actúa, desaparece Bogey. Y también Allan y Allen. Porque lo que queda al descubierto es el mecanismo de funcionamiento de esa máquina llamada Woody. El verdadero motor inmóvil de toda su estética es ese deseo de devenir otro, como lo demuestra la interminable sucesión de nombres, películas, libros, historias y anécdotas que su genio no puede parar de perpetrar, motivado por su ya famoso inconformismo universal.

       El texto completo acá.