“No estoy necesariamente de acuerdo con todo lo que digo.”
Marshall McLuhan
Artículos periodísticos, ensayos literarios, entrevistas a escritores, poemas y algo de ficción.
La experiencia cinematográfica pertenece de cabo a rabo a la espectralidad, que yo relaciono con todo lo que se puede decir del
espectro en psicoanálisis –o con la naturaleza misma de la huella. El espectro,
ni vivo ni muerto, está en el centro de algunos de mis escritos, y es ello lo
que –para mí– hace quizás posible un pensamiento del cine. Por otra parte, los
lazos entre espectralidad y cinematografía son el tema de numerosos escritos
hoy en día. El cine puede poner en escena la fantasmalidad, casi frontalmente,
por cierto, como una tradición del cine fantástico, las películas de vampiros,
o de aparecidos, algunas obras de Hitchcock... Hay que distinguir todo esto de
la estructura de cabo a rabo espectral de la imagen cinematográfica. Todo
espectador, durante una función, se pone en contacto con un trabajo del
inconsciente que, por definición, puede ser asimilado al trabajo de la obsesión
[hantise] según Freud. Él llama a esto experiencia de lo que es
«extrañamente familiar» [unheimlich]. El psicoanálisis, la
lectura psicoanalítica, se encuentra a sus anchas en el cine. En primer lugar,
psicoanálisis y cinematografía, son en verdad contemporáneos; numerosos fenómenos
ligados con la proyección, con el espectáculo, con la percepción de ese
espectáculo, poseen equivalentes psicoanalíticos. Walter Benjamin tomó muy
pronto conciencia de esto, y aproximó desde un principio a ambos procesos, el
análisis cinematográfico y el psicoanalítico. Incluso la visión y la percepción
del detalle en una película están en relación directa con el procedimiento
psicoanalítico. La ampliación no sólo agranda, el detalle da acceso a otra
escena, una escena heterogénea. La percepción cinematográfica no tiene
equivalente, sino que es la única que puede hacer comprender por experiencia lo
que es una práctica psicoanalítica: Hipnosis, fascinación, identificación,
todos estos términos y procedimientos son comunes al cine y al psicoanálisis, y
he ahí el signo de un «pensar en conjunto» que me parece primordial. Por otra
parte, una función [séance] de cine es apenas un poco más larga
que una sesión [séance] de análisis. Uno va a hacerse analizar al
cine, dejando aparecer y hablar a todos sus espectros. Se puede, de manera
económica (en relación con una sesión de análisis), dejar volver los espectros
en la pantalla.
Papeles de trabajo (2012) de Juan José Saer recuerda a La preparación de la novela (2005) de
Roland Barthes. Curiosamente, o no, ambos autores fueron contemporáneos, y sin
conocerse, estaban escribiendo estos (no) libros en la misma época, siendo casi
vecinos, en un sentido que excede totalmente lo bio-geográfico.
Quien algún día se tome
el trabajo de cotejarlos encontrará muchas afinidades, y nada nos impide
imaginar que Saer y Barthes se hayan cruzado más de una vez por las callecitas o los cafés de
París, sin verse, cada uno sumido en su mundo, que de alguna forma, ahora, también es el nuestro.
Todo es hermoso y
constante,
Hay muchas cosas que uno puede señalar para demostrar que el ser humano no es inteligente. Pero mi favorita es que necesitamos inventar el casco. Aparentemente, lo que estaba pasando era que estábamos envueltos en un montón de actividades que destruían nuestras cabezas. No obstante, no elegimos dejar de hacer estas actividades, sino inventar algún tipo de dispositivo que nos ayudara a seguir disfrutando de nuestro estilo de vida destructor de cabezas: El casco. E incluso eso no funcionó, porque mucha gente no lo usaba, así que tuvimos que inventar la ley del casco. Lo cual es aún más estúpido, ya que la idea detrás de esta ley es intentar preservar un cerebro cuyo juicio es tan pobre que ni siquiera trata de detener la destrucción de la cabeza en la cual se aloja.
Esta es la base de la ciudad; una red que sirve de pasaje y de sostén. Todo lo demás, en vez de elevarse por encima, cuelga hacia abajo: Escalas de cuerda, hamacas, casas hechas en forma de saco, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, picos de gas, asadores, cestos suspendidos de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas, macetas con plantas de follaje colgante. 