viernes 3 de febrero de 2012
jueves 2 de febrero de 2012
No volveré a ser joven (1968)
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma (1929-1990)
uno lo empieza a comprender más tarde
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma (1929-1990)
miércoles 1 de febrero de 2012
martes 3 de enero de 2012
Pi: Melancolía y secreción
Pi (1998), el gran primer film de Darren Aronofsky, es tanto un retrato psicológico como una investigación científica de carácter fantástico, un relato policial como una búsqueda mística de la divinidad. Pero Pi, como no puede ser de otro modo, también es pi: El patrón común de todas las historias: La carencia que hace posible toda narración. Del mismo modo que lo que representa a pi es un número que no tiene fin, periódico, así el movimiento de aquello que ha sido separado de su origen no se detendrá hasta reintegrarse al lugar de donde partió. Pi, por lo tanto, es la unidad de lo diverso, ya que le recuerda a cada narración la ficción del relato del que se desprende su identidad; es la estructura misma del relato entendida como fragmentaria, carencia última o primigenia; su carácter ensayístico en tanto que búsqueda de un Absoluto –ya sea que se lo llame Dios, Madre, Tierra, Dinero, Verdad o Amor.
El texto completo acá.
lunes 2 de enero de 2012
domingo 1 de enero de 2012
"El lenguaje desmitificado" por Maximiliano Crespi
La importancia de A la santidad del jugador de juegos de azar no radica en su novedad (de El árbol de Saussure a Zettel, la literatura libertelliana había ligado ya de manera decisiva su deseo a una apuesta autorreflexiva y a una deriva textual cada vez más pronunciada hacia lo informe, lo múltiple y lo inacabado), sino en su inactualidad, es decir: en el contraste que presenta al ser incorporado a cualquier listado de libros recientes. El resto del texto acá.
sábado 3 de diciembre de 2011
viernes 2 de diciembre de 2011
"Canción cubana" por Guillermo Cabrera Infante
¡Ay, José, así no se puede!
¡Ay, José, así no sé!
¡Ay, José, así no!
¡Ay, José, así!
¡Ay, José!
¡Ay!
¡Ay, José, así no sé!
¡Ay, José, así no!
¡Ay, José, así!
¡Ay, José!
¡Ay!
jueves 1 de diciembre de 2011
jueves 3 de noviembre de 2011
miércoles 2 de noviembre de 2011
Algunos apuntes sobre mi madre
Me acuerdo, antes que nada, de sus manos. Estábamos sentados en el jardín de casa. Yo tendría tres o cuatro años, y ella, por supuesto, estaba tejiendo. Sus dedos rugosos se movían de un lado a otro, dirigiendo el hilo entre las agujas con una precisión y una velocidad asombrosas. Pero, además, mientras el rollo de lana rodaba por el césped, ella me contaba otro capítulo de la historia familiar. Yo no podía prestar atención a sus palabras porque el movimiento de sus manos era demasiado cautivante. Recuerdo que acercaba mi cabeza a la zona donde el hilo era embestido por las agujas, todo controlado hábilmente por sus dedos, para ver si así podía comprender mejor qué era lo que estaba pasando. No podía entender cómo las agujas y el hilo no se enredaban en un nudo imposible de desatar. No entendía cómo el hilo poco a poco iba tomando la forma de una bufanda para el invierno que ya se adivinaba en la ventisca vespertina. No podía seguir el hilo de la historia. Estaba, literalmente, subyugado, y podría haberme quedado ahí toda la vida.
martes 1 de noviembre de 2011
El lenguaje es una piel según Roland Barthes
"Le langage est une peau: Je frotte mon langage contre l'autre. C'est comme si j'avais des mots en guise de doigts, ou des doigts au bout de mes mots. Mon langage tremble de désir."
Fragments d'un Discours amoureux (1977)
lunes 3 de octubre de 2011
domingo 2 de octubre de 2011
"La fe y las montañas" de Augusto Monterroso
Al principio la fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
Pero cuando la fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.
Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.
sábado 1 de octubre de 2011
"Arte & Ajedrez" por Eduardo Stilman (1938-2011)
Es sólo un juego, dicen quienes no lo juegan. Un arte, una ciencia, dicen los jugadores. "El ajedrez es una forma de producción intelectual que posee un encanto peculiar. Siempre he sentido un poco de lástima hacia aquellas personas que no conocen el ajedrez. Justamente lo mismo que siento por quien no ha sido embriagado por el amor. El ajedrez, como el amor, como la música, tiene la virtud de hacer feliz al hombre", dijo Siegbert Tarrasch, un médico experto en terapia por hipnosis, que después de perder el match por el título mundial con Lasker, conservó el humor suficiente para jugar un segundo match cuyo único premio consistía en un kilo de manteca.
La nota completa acá.
La nota completa acá.
sábado 3 de septiembre de 2011
Una reunión de lectores en La Librería Argentina
Por Silvana López
El efecto Libertella reúne un conjunto de artículos, compilados por Marcelo Damiani, que asedian tanto la poética libertelliana como las figuras del Libertella amigo - escritor/lector - post-hombre. El texto exhibe, de ese modo, múltiples abordajes de legibilidad de un estilo singular de concebir la literatura y de una obra que dialoga, como señala Raúl Antelo, con “lo informe”. Los diferentes artículos, en una tensión entre el lenguaje de la crítica y la literatura y las formas de la amistad, dan cuenta de una ética del escritor que supone, en ese sentido, una poética: literatura y vida constituyen la cifra de Héctor Libertella. Así, César Aira se da cuenta de que con él muere el último escritor de la vieja raza, “de los que preferían la miseria a concederle a la respetabilidad un solo minuto de su vida”. Esa perspectiva se entrelaza con la lectura de Ariadna Castellarnau en la que filia a Libertella con Macedonio Fernández, escritores cuyo linaje tiene por “seña de identidad la autodisolución”.
La nota completa acá.
viernes 2 de septiembre de 2011
El germen Fellini
Por Martín Arias
& Marcelo Damiani
Hay una imagen que fascina a Fellini y que se repite, con variantes, en algunos de sus films más hermosos: Es la de una persona (o una figura humana) suspendida, mediante una cuerda o cable, de alturas formidables y peligrosas. Se trata, desde luego, del Cristo surcando los cielos de Roma en el asombroso comienzo de La Dolce Vita (1960), pero también de la sensacional aparición de Alberto Sordi en Lo sceicco bianco (1952), suspendido de un columpio que parece haber sido sujetado de las nubes, o la oscura cabeza de Venus emergiendo de un canal veneciano en Casanova (1976), y, por inversión, también podría agregarse a esta lista el hombre-cometa de 8½ (1963). Estas figuras colgantes son también imágenes introductorias; se encuentran, en efecto, poco más o menos al comienzo de cada película y constituyen su entrada, su inminencia. La inminencia es, en principio, el corte de la cuerda o del cable, ese punto en el cual la conexión habrá sido eliminada y la figura estará libre, pues resulta evidente que estos extraños seres flotantes, investidos e inflados por los atributos de lo espectacular —la gran espectacularidad del catolicismo romano, la módica espectacularidad de las fotonovelas románticas, la equívoca del carnaval y, naturalmente, la del cine mismo— desbordarán siempre aquello que los condiciona: Siempre será difícil retener a esa mujer que se nos escapa por las calles de Roma. Y cuando la cuerda se rompa, ¿qué sucederá? ¿En qué dirección, o de acuerdo a qué fuerza gravitacional, eólica o hidráulica veremos escaparse la figura? ¿Será entonces el momento de la caída, ese momento tan temido en que lo cotidiano y lo real le ganan la batalla a lo espectacular?
jueves 1 de septiembre de 2011
¡Feliz Cumpleaños!
Hace diez años aparecía mi libro El sentido de la vida, con el exquisito diseño de tapa de ese gran artista plástico que es Eduardo Stupía. Diez años me llevó escribirlo, diez años más me llevó terminar la trilogía involuntaria que inesperadamente empezó con él. Más de diez grandes satisfacciones me ha dado, y espero que muchas más de diez sean las que aún me tenga reservadas para el porvenir. Por todo ello: ¡Feliz Cumpleaños, y salud!
miércoles 3 de agosto de 2011
Introducción a la literatura en el Rojas
El presente curso se propone como un espacio para estimular la lectura y la escritura a partir del contacto con textos literarios breves de diversos géneros y otros más o menos extensos como nouvelles y novelas (sin olvidar los poéticos). Se tratará de promover la reflexión en torno a la literatura y a sus relaciones con las otras artes (especialmente con el cine). Los autores trabajados serán Borges, Cortázar, Onetti, Saer, Walsh, Bolaño, Salinger y Kafka, entre muchos otros más. Eventualmente también se aceptarán propuestas de los alumnos para trabajar algún texto o autor que no haya sido considerado previamente. Están todos invitados.
Las citas serán los martes de 20 a 22 hs. a partir del 9 de agosto.
Informes e inscripción: Centro Cultural Ricardo Rojas.
Corrientes 2038. Teléfonos: 4954-5521 / 4954-5523
martes 2 de agosto de 2011
lunes 1 de agosto de 2011
Se dice de mí...
Misterios no resueltos de esta obra
Por Marcos Rosenzvaig
"La historia comenzó con un llamado telefónico a las tres de la mañana. Manoteé el teléfono en la oscuridad y, de paso, me cargué un vaso con agua que se estrelló contra el piso, el reloj despertador cayó y las dos pilas volaron tan lejos que me la pasé buscándolas el resto de la noche. De todas maneras respondí el llamado. Marcelo ni se inmutó, me habló como si fuesen las cinco de la tarde. “Es urgente, tengo que verte”. Me dio las señas del bar, la hora y ni siquiera preguntó por mi disponibilidad. La cita sería por la tarde.
Llegué no sin ciertas dudas. El sol casi lo velaba: me costó divisarlo en la mesa del bar. Me miró a través de sus lentes negros, movió la cabeza y me senté. Yo saqué un cigarrillo del saco. Se tomó su tiempo para hablar, pero antes de hacerlo ejerció su disciplina en cuanto a los recaudos, aunque el espionaje intelectual estaba de vacaciones, en la playa. Llamó al mozo y encargó un agua mineral natural con bajo contenido de sodio y sin gas. A su lado, un monje Tibetano podía pasar por vicioso.Me contó su idea con palabras sueltas. Yo esforzaba mi imaginación para hilarlas mientras el cigarrillo se resbalaba entre los dedos como un mago con una moneda. Jamás compré un encendedor. Tenerlo era un reconocimiento del mal."
El resto del prólogo acá.
domingo 3 de julio de 2011
sábado 2 de julio de 2011
El pasatiempo de la ley
“¿Justicia? Justicia ya tendrás en el más allá, en esta vida sólo cuentas con la ley”.
William Gaddis
viernes 1 de julio de 2011
Sobre El aleph de Borges
Proveniente del Martín Fierro leído como un western, "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz" es una obra maestra de la coherencia y la emoción, suficiente para refutar a todos los que ven en Borges a un autor apático; por si esto fuera poco, una sola frase le basta para prefigurar El pensamiento salvaje de Lévi-Strauss. Por último, con "La otra muerte" y "El aleph" asistimos a dos ficciones fundamentales. Acá, el carácter alucinatorio del mundo y los vasos comunicantes entre lectura y realidad se anudan de manera indiscernible, y por momentos, perturbadora. Imposible salir indemne de un texto que postula que Dios (o nuestro deseo, para el caso es lo mismo) puede cambiar el pasado a su antojo (siguiendo al teólogo medieval Pier Damiani, pero también con ecos de Henry James y de Nietzsche), y eventualmente hacernos desaparecer, sobre todo si nuestra existencia entra en contradicción con el (nuevo) orden (antes sólo potencial o virtual). Imposible no sentir que "El aleph" está prefigurando el futuro (nuestro presente), un porvenir en el que todos nuestros actos pueden ser contemplados a través de una suerte de memoria universal. Imposible no intuir que el gran mérito borgeano es la proyección de un imaginario ancestral (suerte de faro que ilumina el mundo que nos rodea), y que junto a su inteligencia y su ironía son su verdadero legado, eso que lo ha convertido en el más grande escritor argentino de todos los tiempos.
El resto de la nota acá.
El resto de la nota acá.
viernes 3 de junio de 2011
En Blanes con Bolaño (1999)
La primera vez que escuché el nombre de Roberto Bolaño pensé que me estaban hablando de Roberto Gómez Bolaños, ese actor mexicano que se hizo famoso con El Chavo. ¿Qué tendrá que ver, recuerdo haberme preguntado, el creador de El Chavo del 8 con La Literatura nazi en América? ¿Sería posible que el Chavo fuera nazi? O tal vez Bolaños, como todo actor subido a la escalera de su ego, finalizado el éxito de su personaje, se había puesto a hacer declaraciones estridentes para volver a llamar la atención. Pero obviamente no era nada de esto. Roberto Bolaño, salvo el sospechoso parecido nominal, no tenía nada que ver con Roberto Gómez Bolaños. Era un escritor chileno, casi secreto, trotamundos y erudito, por no decir cuasimaldito, que después de haber padecido un destino bien latinoamericano, con encarcelamiento político, huida argentina y agitada estadía en México, había terminado viviendo en un pueblito costero llamado Blanes, a una hora en tren de Barcelona. Había llegado ahí por puro azar, según me confesó en la entrevista que tuve la suerte de hacerle en 1999, y al final ahí cerca terminó muriendo, el 14 de julio de 2003.
jueves 2 de junio de 2011
Hace años que lo vengo diciendo...
Un grupo de expertos consideró que las radiaciones que emiten los teléfonos celulares son "posiblemente cancerígenas". Aclararon que por ahora la evidencia es limitada, pero aconsejan reducir su uso.
La nota completa acá.
miércoles 1 de junio de 2011
"El lenguaje desmitificado" (continuación)
Las preguntas que este libro póstumo de Héctor Libertella plantea a la masa pueril de etnografía y fetichismo de la subjetividad en que se solaza la literatura argentina contemporánea son varias y diversas. Sin embargo, hay dos, fundamentales, sobre las que vale la pena detenerse especialmente, sobre todo porque en ellas se define su efectuación política.
En primer lugar, a diferencia de lo intentado por la tecnicatura de la felicidad etnográfica oficial, en la literatura libertelliana el objeto a desmitificar no son los discursos sino el lenguaje mismo. La literatura libertelliana empieza donde termina la de Puig. De allí su desencuentro irremediable con la ilusión que ciñe la imaginación etnográfica actual, apoyada en una lectura sesgada y pobretona de Puig donde los discursos sociales adquieren raudamente la testarudez del referente. Libertella no denuncia la cristalización ideológica, la costra sedimentada de los discursos; pone en escena el fascismo de un lenguaje que es a la vez casa, cárcel y laberinto y que crea un espejismo de libertad a fuerza de imponer restricciones, que dispone posibilidades imponiendo obligaciones. Los textos que componen este libro dan cuenta de una escritura cuyo deseo es plenamente paragramatical: burlar el significado, la ley, el padre, lo reprimido; es decir: escribir a merced de lo múltiple, de lo plural, de lo ambiguo.
En segundo lugar, los cuatro elementos fundamentales del universo –es decir, del fantasma– literario libertelliano flotan sobre el texto en las formas del infinitivo. Jugar, beber, escribir, leer, configuran, más que formas sólidas e intransitivas, prácticas líquidas en tránsito ligadas a una economía inversa: se bebe por beber (y no para salir de la melancolía o para tomar coraje), se juega por jugar (sin el deseo oportunista de pegar el pleno, dar el batacazo o salvar una corrida), se escribe por escribir (y no para decir algo en la servidumbre de la instrumentación: se escribe, como en "Literal", para ver qué pasa, para saber qué puede ser escrito), se lee por leer (y no para detentar o acumular un Saber en propiedad).
La de Libertella es una literatura que ironiza sobre la justicia de las Causas y sobre la legitimación por los Fines. Se quita a toda ilusión heroica y a toda extorsión moral. Crece yendo a pérdida. Prolifera en elipsis y se hace única en la multiplicación de las versiones e interversiones. Declaradamente antihumanista, sigue y borra su propio rastro: quiebra las cuartadas de la buena conciencia y de la mala fe, desacata demandas y se pone fuera de toda conveniencia con el deber ser. Es por ello que, por contraste, pone al desnudo la canallada de las literaturas actuales, que resignan su propio deseo para seguir –cual claves del éxito– las ordenanzas de la cultura, la realidad, la política y el mercado.
Aparecido en Revista Ñ el 31-12-11.
En primer lugar, a diferencia de lo intentado por la tecnicatura de la felicidad etnográfica oficial, en la literatura libertelliana el objeto a desmitificar no son los discursos sino el lenguaje mismo. La literatura libertelliana empieza donde termina la de Puig. De allí su desencuentro irremediable con la ilusión que ciñe la imaginación etnográfica actual, apoyada en una lectura sesgada y pobretona de Puig donde los discursos sociales adquieren raudamente la testarudez del referente. Libertella no denuncia la cristalización ideológica, la costra sedimentada de los discursos; pone en escena el fascismo de un lenguaje que es a la vez casa, cárcel y laberinto y que crea un espejismo de libertad a fuerza de imponer restricciones, que dispone posibilidades imponiendo obligaciones. Los textos que componen este libro dan cuenta de una escritura cuyo deseo es plenamente paragramatical: burlar el significado, la ley, el padre, lo reprimido; es decir: escribir a merced de lo múltiple, de lo plural, de lo ambiguo.
En segundo lugar, los cuatro elementos fundamentales del universo –es decir, del fantasma– literario libertelliano flotan sobre el texto en las formas del infinitivo. Jugar, beber, escribir, leer, configuran, más que formas sólidas e intransitivas, prácticas líquidas en tránsito ligadas a una economía inversa: se bebe por beber (y no para salir de la melancolía o para tomar coraje), se juega por jugar (sin el deseo oportunista de pegar el pleno, dar el batacazo o salvar una corrida), se escribe por escribir (y no para decir algo en la servidumbre de la instrumentación: se escribe, como en "Literal", para ver qué pasa, para saber qué puede ser escrito), se lee por leer (y no para detentar o acumular un Saber en propiedad).
La de Libertella es una literatura que ironiza sobre la justicia de las Causas y sobre la legitimación por los Fines. Se quita a toda ilusión heroica y a toda extorsión moral. Crece yendo a pérdida. Prolifera en elipsis y se hace única en la multiplicación de las versiones e interversiones. Declaradamente antihumanista, sigue y borra su propio rastro: quiebra las cuartadas de la buena conciencia y de la mala fe, desacata demandas y se pone fuera de toda conveniencia con el deber ser. Es por ello que, por contraste, pone al desnudo la canallada de las literaturas actuales, que resignan su propio deseo para seguir –cual claves del éxito– las ordenanzas de la cultura, la realidad, la política y el mercado.
Maximiliano Crespi
martes 3 de mayo de 2011
La estupidez humana según Seinfeld
"Hay muchas cosas que uno puede señalar para demostrar que el ser humano no es inteligente. Pero mi favorita es que necesitamos inventar el casco. Aparentemente, lo que estaba pasando era que estábamos envueltos en un montón de actividades que destruían nuestras cabezas. Nosotros no elegimos dejar de hacer estas actividades, sino, en cambio, inventar algún tipo de dispositivo que nos ayudara a seguir disfrutando de nuestro estilo de vida destructor de cabezas: El casco. E incluso eso no funcionó, porque mucha gente no lo usaba, así que tuvimos que inventar la ley del casco. Lo cual es aún más estúpido, ya que la idea detrás de esta ley es intentar preservar un cerebro cuyo juicio es tan pobre que ni siquiera trata de detener la destrucción de la cabeza en la cual se aloja."
Jerry Seinfeld
lunes 2 de mayo de 2011
domingo 1 de mayo de 2011
La flor del Paraíso
domingo 3 de abril de 2011
El germen Fellini (continuación)
Posiblemente la respuesta felliniana sea que la cuerda siempre está rompiéndose, probando y extenuando todas las formas del estiramiento y la inminencia. Por eso Deleuze describía el cine de Fellini como “un cristal captado en su formación y su crecimiento, referido a los ‘gérmenes’ que lo componen”. La Dolce Vita y 8½ constituyen, en este sentido, los mejores ejemplos: Bellos muestrarios de gérmenes que nunca terminan de cristalizar; cuerdas que ya están rotas y que nunca acaban de romperse; puras potencias sin acto, suspendidas —“pendientes”— entre lo actual y lo virtual. La inclinación de Fellini por las madrugadas (recuérdense las madrugadas con que concluyen 8½ y La Dolce Vita) conduce también en este sentido: La inminencia del día que todavía no cristaliza permite que, en “esa atmósfera helada del amanecer en que los sentimientos pueden convertirse libremente en ideas y las ideas libremente en sentimientos”, de acuerdo a Thomas Bernhard, todas las cosas y todos los seres, incluso las más sórdidos y decadentes, puedan ser inoculados con el germen de lo espectacular. Pues según Barthélemy Amengual, para que este espectáculo funcione realmente, Fellini convierte lo real en espectacular; produce la anhelada confusión entre el espectáculo y lo real, negando la heterogeneidad de los dos mundos y borrando no sólo la distancia sino también la distinción entre espectáculo y espectador.
Fellini, en sus inicios neo-realistas, abogaba por un registro de lo cotidiano, cuyo rasgo distintivo parecía ser el vagabundeo de sus personajes, y cierto aire de constante inutilidad. Pero poco a poco, sin embargo, va a ir identificando lo cotidiano con lo espectacular, sin perder la idea del vagabundeo que ahora va a tener una clara tendencia mental. Quizá por esto, en varios momentos de 8½, verdaderos puentes temporales entre el mundo actual y el virtual, el imaginario y el real, la palabra aparece descentrada, como fuera de foco, excéntrica, hasta el punto de convertirse en un mero ruido de fondo entre muchos otros más. Estos momentos de pasaje se deben a que Fellini quiere llegar a las “imágenes mentales”. Así, en 8½ hay un conjunto inestable de recuerdos flotantes, imágenes que desfilan con rapidez desconcertante, como si el tiempo cronológico hubiera perdido los estribos y conquistara una profunda libertad ancestral. Se diría que a la pseudo-impotencia motriz de Guido Anselmi, el personaje principal interpretado por el gran Marcello Mastroianni, le corresponde una anárquica movilización mental. Esta suerte de alter ego de Fellini es el encargado de procesar el material (¿en bruto?) que le ha provisto la experiencia, y la película lo muestra en un estadio germinal que no puede terminar de cristalizar. Es así que 8½ es sobre el germen de todo film que está más acá de cualquier idea; o, si se quiere, sobre las imágenes y sonidos virtuales que van a formar el aspecto visible –la idea– de todo film. Puro germen fugaz que se escapa para volver de la mano de un ritornelo, il ritorno del bello, que por un momento tiene la forma de la felicidad, hasta que las fuerzas destructoras de la vida rompan ese proto-cristal.
Pero sucede que hemos llegado al punto en que la vida no puede distinguirse de las fabulosas apariciones proyectadas por un sujeto que no termina de organizar el espectáculo: No puede decidirse de qué lado del cristal se encuentran lo (ya) oído y lo (ya) visto, si del actual o del virtual, si del imaginario o del “real”. Aquí se advierte la gran influencia que Fellini (de quien tantos han sabido tomar sólo lo superfluo) ha ejercido sobre directores como David Lynch: Encontraremos la misma fascinación por el vaivén enloquecedor entre el mundo de la vida y el mundo de la fábula desde Eraserhead (1976) —film en el cual el germen se ha transformado en horrible feto— hasta Lost Highway (1997) y Mulholland Drive (2001). En estas dos últimas, particularmente, se repite el patrón de unos sujetos —Fred en la primera, Diane en la segunda— condenados a la impotencia física y a la decadencia, y al mismo tiempo, liberados a la mentalidad (como Guido, como Giacomo Casanova). Se repite, también, un dibujo más sombrío: Es el trazado por un impulso de muerte que se expresa tanto en la imagen de Anselmi suicidándose debajo de la mesa, como en el oscuro personaje de Steiner en La Dolce Vita: Asesinos de sí mismos y de las personas que aman.
A esta pulsión de muerte —suicidio o asesinato— le corresponde, en el orden de la imagen, una pantalla vacía, en blanco. Entonces, la última de las figuras colgantes —o ésa que se encuentra detrás de todas las otras como su imagen virtual— quizá sea la del ahorcado en la sala de proyección de 8½; un retorno último a la ausencia de intensidades visuales que sería como la purificación deseada (la importancia del tema en 8½ es innegable), pero también como la pura virtualidad o el germen en su forma más pura. De ahí la pertinencia de la alusión final de Daumier (el crítico-escritor que funciona como la conciencia de Anselmi) a Mallarmé, poeta que al confiar en el blanco de la página a la vez como espaciamiento de la lectura y “subdivisión prismática de la Idea” se había encontrado a sí mismo peligrosamente cerca del suicidio: Victorieusement fui le suicide beau... Toda la película, de hecho, podría ser vista como esa huida victoriosa de un bello suicidio que Guido está tentando de llevar a cabo no sólo en el plano vital sino también en el artístico. Si no se puede tenerlo todo, piensa el artista suicida, la nada (el silencio, el blanco, el vacío) es la verdadera (única y última) perfección. Su vida, él lo sabe como auténtico visionario que es, pende de un hilo que en cualquier momento se puede cortar. ¿Acaso alguien podría creer en serio que su caso particular es una excepción a esta regla? Aquí está el gran germen de Fellini. El resto es pura ficción.
Fellini, en sus inicios neo-realistas, abogaba por un registro de lo cotidiano, cuyo rasgo distintivo parecía ser el vagabundeo de sus personajes, y cierto aire de constante inutilidad. Pero poco a poco, sin embargo, va a ir identificando lo cotidiano con lo espectacular, sin perder la idea del vagabundeo que ahora va a tener una clara tendencia mental. Quizá por esto, en varios momentos de 8½, verdaderos puentes temporales entre el mundo actual y el virtual, el imaginario y el real, la palabra aparece descentrada, como fuera de foco, excéntrica, hasta el punto de convertirse en un mero ruido de fondo entre muchos otros más. Estos momentos de pasaje se deben a que Fellini quiere llegar a las “imágenes mentales”. Así, en 8½ hay un conjunto inestable de recuerdos flotantes, imágenes que desfilan con rapidez desconcertante, como si el tiempo cronológico hubiera perdido los estribos y conquistara una profunda libertad ancestral. Se diría que a la pseudo-impotencia motriz de Guido Anselmi, el personaje principal interpretado por el gran Marcello Mastroianni, le corresponde una anárquica movilización mental. Esta suerte de alter ego de Fellini es el encargado de procesar el material (¿en bruto?) que le ha provisto la experiencia, y la película lo muestra en un estadio germinal que no puede terminar de cristalizar. Es así que 8½ es sobre el germen de todo film que está más acá de cualquier idea; o, si se quiere, sobre las imágenes y sonidos virtuales que van a formar el aspecto visible –la idea– de todo film. Puro germen fugaz que se escapa para volver de la mano de un ritornelo, il ritorno del bello, que por un momento tiene la forma de la felicidad, hasta que las fuerzas destructoras de la vida rompan ese proto-cristal.
Pero sucede que hemos llegado al punto en que la vida no puede distinguirse de las fabulosas apariciones proyectadas por un sujeto que no termina de organizar el espectáculo: No puede decidirse de qué lado del cristal se encuentran lo (ya) oído y lo (ya) visto, si del actual o del virtual, si del imaginario o del “real”. Aquí se advierte la gran influencia que Fellini (de quien tantos han sabido tomar sólo lo superfluo) ha ejercido sobre directores como David Lynch: Encontraremos la misma fascinación por el vaivén enloquecedor entre el mundo de la vida y el mundo de la fábula desde Eraserhead (1976) —film en el cual el germen se ha transformado en horrible feto— hasta Lost Highway (1997) y Mulholland Drive (2001). En estas dos últimas, particularmente, se repite el patrón de unos sujetos —Fred en la primera, Diane en la segunda— condenados a la impotencia física y a la decadencia, y al mismo tiempo, liberados a la mentalidad (como Guido, como Giacomo Casanova). Se repite, también, un dibujo más sombrío: Es el trazado por un impulso de muerte que se expresa tanto en la imagen de Anselmi suicidándose debajo de la mesa, como en el oscuro personaje de Steiner en La Dolce Vita: Asesinos de sí mismos y de las personas que aman.
A esta pulsión de muerte —suicidio o asesinato— le corresponde, en el orden de la imagen, una pantalla vacía, en blanco. Entonces, la última de las figuras colgantes —o ésa que se encuentra detrás de todas las otras como su imagen virtual— quizá sea la del ahorcado en la sala de proyección de 8½; un retorno último a la ausencia de intensidades visuales que sería como la purificación deseada (la importancia del tema en 8½ es innegable), pero también como la pura virtualidad o el germen en su forma más pura. De ahí la pertinencia de la alusión final de Daumier (el crítico-escritor que funciona como la conciencia de Anselmi) a Mallarmé, poeta que al confiar en el blanco de la página a la vez como espaciamiento de la lectura y “subdivisión prismática de la Idea” se había encontrado a sí mismo peligrosamente cerca del suicidio: Victorieusement fui le suicide beau... Toda la película, de hecho, podría ser vista como esa huida victoriosa de un bello suicidio que Guido está tentando de llevar a cabo no sólo en el plano vital sino también en el artístico. Si no se puede tenerlo todo, piensa el artista suicida, la nada (el silencio, el blanco, el vacío) es la verdadera (única y última) perfección. Su vida, él lo sabe como auténtico visionario que es, pende de un hilo que en cualquier momento se puede cortar. ¿Acaso alguien podría creer en serio que su caso particular es una excepción a esta regla? Aquí está el gran germen de Fellini. El resto es pura ficción.
sábado 2 de abril de 2011
Los hermanos Coen
El hombre que nunca estuvo (2001) es la odisea de Ed Crane, un peluquero que quería ser lavandero (según la taimada definición de los Coen), interpretado por el gran Billy Bob Thornton (sin duda en el papel de su vida), fotografiado en un blanco y negro exquisito. El film es en el fondo una historia sobre el deseo, en la que la confusión inicial, los problemas de dinero y la ambientación socio-histórico-geográfica van a jugar un papel importante (como siempre que se trata de este dúo). La trama policial, con toques absurdos (como la vida misma), con ecos de las novelas de James M. Cain (y de algunas ideas de Borges), va a flotar sobre un mar de melancolía (quizá el auténtico y profundo pathos de toda su filmografía), cuyo origen tal vez podría situarse en la insuficiencia del lenguaje como medio de expresión. Es por eso que las sonatas de Beethoven, único acompañamiento posible del viaje existencial de Ed Crane hasta su disolución final, son fundamentales para puntualizar el tono emotivo de la película, antes de que su protagonista se pierda en ese extraño laberinto del espíritu en el que reina el juego ciego del ritmo, para acentuar que acá, los hermanos, por fin, han alcanzado la perfección.El texto completo acá.
viernes 1 de abril de 2011
El vértigo de la lectura imposible
Quizá como ningún otro, Héctor Libertella escribió una literatura cuyo primer efecto, inmediato, es despojar al lector de cualquier tipo de tutelaje. Enseguida uno aprende cuando lee por primera vez las primeras frases, frases bellísimas, "correosas", de escritor nato, que escribía Libertella, que hay algo ahí que no se comprenderá jamás. Es una enseñanza que no se olvida, porque es una enseñanza de vida.
Libertella ha escrito los textos más emotivos de la literatura argentina de los últimos años (justo él, un "vanguardista", un "teórico"). La leyenda de Jorge Bonino, por ejemplo. O El paseo internacional del perverso. O La arquitectura del Fantasma. Una autobiografía. Pasa con sus textos un poco lo que con el Diario de Nijinsky: Lo que conmueve no es lo que relata, sino la manera en que algo incomprensible está haciendo implosionar el texto, volviéndolo irreconstituible.
La nota completa acá.
jueves 3 de marzo de 2011
The Apprenticeship
The disciple and his Master are sitting in the middle of the prairie.
“May I ask you a question, Master?” says the disciple.
The Master stands still and doesn’t answer.
“What is the meaning of life?”
The Master seems to move his head from one side to the other.
“Is it possible that life has no meaning at all?”
The Master is about to open his eyes, but he doesn’t.
“Because if there is no meaning, everything is permitted, isn’t it?”
The Master’s balding head looks as if it frowned.
“And if everything is permitted, what is the parameter for action?”
The Master’s breathing is becoming faster.
“Are you suggesting that there is nothing but relativity?”
The Master opens his eyes, yawns and stands up.
“Please, Master, show me the way.”
The Master begins walking along the path.
“He is a wise man,” the disciple finally whispers.
“May I ask you a question, Master?” says the disciple.
The Master stands still and doesn’t answer.
“What is the meaning of life?”
The Master seems to move his head from one side to the other.
“Is it possible that life has no meaning at all?”
The Master is about to open his eyes, but he doesn’t.
“Because if there is no meaning, everything is permitted, isn’t it?”
The Master’s balding head looks as if it frowned.
“And if everything is permitted, what is the parameter for action?”
The Master’s breathing is becoming faster.
“Are you suggesting that there is nothing but relativity?”
The Master opens his eyes, yawns and stands up.
“Please, Master, show me the way.”
The Master begins walking along the path.
“He is a wise man,” the disciple finally whispers.
miércoles 2 de marzo de 2011
Woody & Seinfeld
Woody Allen, como ya lo hemos dicho en otra ocasión, no es sólo una persona, sino también un ícono, una marca, pero sobre todo una máquina. Una máquina de hacer chistes, escribir libros, filmar películas e incluso de tocar música. Una máquina de ver la vida con humor, con ironía, con sarcasmo, con crueldad; aunque también con empatía. Seguramente en el futuro la gente se preguntará cómo fue posible que haya existido este fenómeno.
Sus comienzos en el cine, a fines de los 60 y principios de los 70, lo encontraron haciendo comedias que le sirvieron de sostén para sus dos primeras obras maestras: Annie Hall (1977) y Manhattan (1979). La cuasi felliniana Recuerdos (1980) fue la transición antes de sus otras dos obras maestras: Zelig (1983) y Crímenes y pecados (1989) -luego reelaborada por Match Point (2005).
Obsesionado con la muerte ("No le tengo miedo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda"), con Dios ("Dios es gay"), con el sexo ("El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía es una de las mejores"), con las relaciones humanas y con el absurdo de la existencia, Woody nos ha legado una visión del mundo muy divertida y descarnada a la vez.
El resto de la nota acá.
martes 1 de marzo de 2011
La flor del Paraíso
"Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño,
y le dieran una flor como prueba de que había estado allí,
y si al despertar encontrara esa flor en su mano...
¿Entonces, qué?"
Samuel Taylor Coleridge
El Ciudadano (1941) de Orson Welles comienza con la muerte del protagonista y varios flashbacks mostrando sus obras, los signos que él ha ido dejando de su paso por el mundo, los mismos que el periodista no sabe leer durante su investigación trunca. Todos esos signos parecen apuntar y condensarse en el ya famoso Rosebud: El nombre del trineo que Kane tenía en su niñez, proveniente del ingenio con que Welles había bautizado el pubis de su novia. Pero ¿qué es Rosebud? Un capullo, un proyecto de flor (o de placer), el símbolo con el que Kane evoca su infancia perdida (y Welles su pequeña muerte), el último viaje mental a través del tiempo (antes de la muerte real).
¿Estará Welles citando a Coleridge? Tal vez no puede dejar de hacerlo, ya que el cine es la mejor máquina para viajar en el tiempo que ha inventado el hombre. Y Charles Foster Kane es el hombre que ha cruzado el paraíso y ha traído, como prueba de su estadía en él, la flor marchita de su infancia (llamada Rosebud). Tal vez, como sugiere el periodista al final de la película, ninguna palabra pueda explicar la vida de un hombre, aunque quizá puede arrojar cierta luz sobre su deseo. Citizen Kane es así un viaje a la semilla en busca del tiempo perdido, y los espejos que reproducen ad infinitum las imágenes finitas de Kane no hacen más que señalar, soterrada, fantasmal, fugazmente, el carácter de su avance hacia atrás, hacia el pasado, hacia las posibilidades ya esfumadas de su vida, a la caza de ese espejismo evanescente que es el paraíso perdido de su niñez, cifrado en el nombre de un añorado trineo de madera que no sólo ya no se deslizará nunca más por la nieve, sino que además terminará sus días consumido por el fuego.jueves 3 de febrero de 2011
"H..." Prólogo a El efecto Libertella de M. Damiani
Fue probablemente con la llegada del siglo que a Héctor Libertella y a mí se nos ocurrió la idea histérica de hacer un libro inclasificable (como muchos de los suyos, quizá también un poco como éste). Sostener que “íbamos a escribirlo” sería excesivo, ya que su parte principal, las 60 páginas de La santidad sublime del último místico carnal, iban a estar en blanco. Empezaría con un prólogo firmado por Alan Moon donde se hablaría de cualquier cosa menos del libro, como en la mayoría de los buenos prólogos, y terminaría con una falsa entrevista de D a L donde se plantearían, discutirían y finalmente negarían varias hipótesis delirantes sobre la verdadera esencia del texto. Su título, con el tiempo, misteriosamente se convertiría en una sola letra: H.
La historia de H resuena como un eco espectral en esa pregunta que Libertella se hace al inicio de La arquitectura del fantasma: “¿Cómo será la autobiografía de un nonato?”. No lo sabemos, ciertamente, pero esta inquietud no nos impide imaginar la causa de dicha preocupación. Tal vez fue Cioran quien vio el problema con mayor claridad: “No haber nacido, de sólo pensarlo, ¡qué felicidad, qué libertad, qué espacio!”. Porque lo cierto es que Libertella nació, obviamente, y nació en Bahía Blanca, justo el 24 de agosto de 1945, el mismo día que Borges festejaba sus 46 años. Quizá esta circunstancia fortuita marcó desde el comienzo su precoz destino literario, puesto que a los 13 ya había escrito, ilustrado, encuadernado y hecho circular dos novelas completas. Por eso, cuando ganó el prestigioso Premio Paidós, con más de diez años de oficio sobre sus espaldas, se podría decir que era un escritor mucho más experimentado que experimental.
El texto completo acá.
miércoles 2 de febrero de 2011
El efecto Libertella en Perfil por Sergio Nuñez
Autor de una veintena de libros a lo largo de cuatro décadas, su trayectoria parece haber recorrido el camino inverso al de muchos escritores: De la temprana consagración a los 23 años con el premio Paidós por El camino de los hiperbóreos a la cátedra microscópica que llevó adelante en su mesa preferida en el bar Varela Varelita –en la que ejercitaba aquello de que allí donde hay un interlocutor se constituye un mercado–, Libertella practicó el arte de la reescritura para evaporar sus textos y su presencia hasta convertirlos en fantasmas “siempre un poco ilegibles entre las líneas del mercado”.
De esa presencia, tan fantasmática como crucial, dan cuenta cuatro generaciones de críticos y escritores que, a modo de homenaje, se abocaron a escribir sobre su obra en un volumen colectivo (compilado por Marcelo Damiani y publicado por Beatriz Viterbo editora), cuyo nombre, El efecto Libertella, ya habla por sí solo del trabajo de erosión subterránea que estos textos vienen ejerciendo en la literatura argentina actual.
El artículo completo acá.
martes 1 de febrero de 2011
Confesiones musicales
Confesiones impersonales (2010) es el tercer libro de poesía de Carlos Schilling, y si por una de esas cuestiones de la vida no llegara a escribir otro, su destino de poeta ya estaría cumplido de manera brillante. Es que desde Mudo (2001), premiado en España, pasando por las bellas sextinas de Formas de ver el mar (2006), y sin olvidar su gran novela Mujeres que nunca me amaron (2007), el autor nacido en Sunchales (1965) viene realizando un trabajo único con la lengua.
Walter Pater, maestro de Oscar Wilde y de Gerard Manley Hopkings (poeta jesuita admirado por Schilling), sostenía que todas las artes tienden a la música, y que no hay aspiración mayor. No conozco otro autor que persiga esta idea con tanto éxito como Schilling. Su poesía es siempre (y antes que nada) música. "Si cada noche vuelven las estrellas / y vuelve el viento y vuelven a fundirse / los amantes y el mar en mi memoria, / si hay más vasos, más sed y más botellas / y brindar equivale a despedirse, / ¿es el fin el principio de otra historia?" Música vana, música porque sí, podríamos agregar, parafraseando a Nalé Roxlo.El texto completo acá.
lunes 3 de enero de 2011
Máquina Woody
"El suplicio es siempre no poder desprenderse de uno mismo."
Sören Kierkegaard
Alguna vez dijo que lo único que lamentaba era no ser otra persona, tal vez sin darse cuenta que ahí no sólo condensaba su filosofía de vida, sino que también proporcionaba una de las claves quizá más importantes para contemplar su obra. Allan Stuart Konigsberg siempre quiso ser otro. Por eso rápidamente se apodó Woody, a mitad de camino entre el chiste fácil (woody en slang significa erección), la caricatura (Woody Woodpecker es El Pájaro Loco) y el ideal masculino inalcanzable: Bogey (apodo de Humphrey Bogart). No es casual que uno de sus primeros grandes éxitos sea la obra de teatro Play it again, Sam (1969) donde utiliza la figura de su ídolo y el final de la ya por entonces mítica Casablanca (1942) para construir por contraste su propio personaje. Así, en Sueños de un seductor (1972) de Herbert Ross, basada en su obra, Woody encarna a Allan Felix, tímido y torpe como él solo puede serlo cuando hay una mujer cerca, a excepción de la esposa de su mejor amigo: Linda. Los grandes momentos de la película suceden cuando la inseguridad de Allan proyecta la figura de Bogart.
Siempre seguro de sí mismo, con el infaltable impermeable gris, Bogey encarna a una suerte de mentor fantasmal que le imparte a su pobre pupilo duros consejos sobre cómo tratar a las mujeres. Así, Woody se postula como una parodia de Bogey, aunque es el imaginario de Woody el que proyecta a Bogey. El procedimiento funciona así: Cuando la incertidumbre paraliza a Woody, llevándolo al monólogo o al soliloquio, allí aparece Bogey (para impulsarlo a actuar); y cuando Woody actúa, desaparece Bogey. Y también Allan y Allen. Porque lo que queda al descubierto es el mecanismo de funcionamiento de esa máquina llamada Woody. El verdadero motor inmóvil de toda su estética es ese deseo de devenir otro, como lo demuestra la interminable sucesión de nombres, películas, libros, historias y anécdotas que su genio no puede parar de perpetrar, motivado por su ya famoso inconformismo universal.
Siempre seguro de sí mismo, con el infaltable impermeable gris, Bogey encarna a una suerte de mentor fantasmal que le imparte a su pobre pupilo duros consejos sobre cómo tratar a las mujeres. Así, Woody se postula como una parodia de Bogey, aunque es el imaginario de Woody el que proyecta a Bogey. El procedimiento funciona así: Cuando la incertidumbre paraliza a Woody, llevándolo al monólogo o al soliloquio, allí aparece Bogey (para impulsarlo a actuar); y cuando Woody actúa, desaparece Bogey. Y también Allan y Allen. Porque lo que queda al descubierto es el mecanismo de funcionamiento de esa máquina llamada Woody. El verdadero motor inmóvil de toda su estética es ese deseo de devenir otro, como lo demuestra la interminable sucesión de nombres, películas, libros, historias y anécdotas que su genio no puede parar de perpetrar, motivado por su ya famoso inconformismo universal.El texto completo acá.
domingo 2 de enero de 2011
Message in a Bottle
I am writing the story of this raft –which its captain keeps calling “ship”– and of its eternal veering towards starboard. The obvious incoherence of our course prevents me from talking about the subject. I am an insignificant part of the crew. I don’t speak, I don’t move, I don’t do anything at all. I just try to emphasise the differences between the captain and me. Ambivalent, voluble, mediocre, the captain, my enemy, doesn’t know about my existence – I am well hidden in the large crowded raft. He doesn’t even suspect what I am planning to do because he has a lot of troubles – even though he calls them “hobbies”. His favourite one, no doubt, is feeding the sharks. His method, supported by the stupid crew, is to kick the idlers and the loafers out of the raft, in order to offer them to Neptune. That is, he says, a necessary sacrifice. That is, I say, simple murder. (Besides, he also likes killing people’s ideas, and if that doesn’t work, he kills people that have ideas. Maybe it is not stretching the truth too far to say that he vindicates criminals.) Stealing a bow and a couple of arrows, practising for a while, becoming an expert and looking for the opportunity to fill his mouth with something solid, is one of my best ideas for killing him. But I am not sure, and it is not because I am afraid of him. There is a real danger that the ignorant masses will end up transforming him into a martyr. This way, instead, I am sure he will win an historical, sempiternal hate for his own merit. And I, meanwhile, can keep insulting him, writing, imagining his death in vain. Because I have nothing else to do as we sail in circles on the open sea.
Marcelo Damiani
sábado 1 de enero de 2011
viernes 3 de diciembre de 2010
El efecto Libertella en Clarín por Ezequiel Alemián
"En un bar lleno de amigos, lectores devotos y curiosos que pasaban por ahí, se presentó la semana pasada un libro sobre Héctor Libertella, quien murió hace 4 años. El bar era el Varela Varelita, en Scalabrini Ortiz y Paraguay, donde una foto recuerda el lugar que el escritor ocupaba ahí casi a diario. El libro, El efecto Libertella, es una recopilación que hizo Marcelo Damiani de artículos sobre el autor de La arquitectura del fantasma, entre otros libros fundamentales de la literatura argentina de los últimos 40 años.
El escritor y ensayista Rafael Cipollini, después de recordar que a Libertella le gustaba considerarse un tarahumara –“alguien que está fuera del templo”, dijo– señaló cinco tópicos de su aventura literaria que han ido sedimentando en las nuevas formas de pensar la escritura. “Porque todos estamos yendo hacia Libertella”, dijo Cipollini.
Entre los tópicos del “círculo libertelliano”, que emergen en los distintos artículos del libro figuran, según Cipollini, la reescritura constante de los propios textos, (“como una suerte de remix de sí mismo”); la idea que tenía Libertella de que lo que escribía era parte de una obra completa, casi como si pensara su obra después de muerto; el “hacer ficción con la teoría y teoría con la ficción” y la situación bifronte de una literatura tironeada por las exigencias del mercado y por el espíritu de gueto.
El efecto Libertella (Beatriz Viterbo) incluye testimonios de la amistad con el escritor, como en los textos de César Aira y Ricardo Strafacce, y otros que reflexionan sobre su obra, como los de Martín Kohan, Alan Pauls, Laura Estrin o Damián Tabarovsky. El texto de cierre, de Ariel Idez, es una crónica de la última entrevista que dio..."
La nota completa acá.
jueves 2 de diciembre de 2010
¡Vivan los celulares! ¡Viva el Congo!
"Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas, publicado en febrero de 2008, los teléfonos celulares están ayudando a disminuir la brecha digital. Dicho estudio también resalta que los subscriptores a telefonía celular casi se han triplicado en los países en vías de desarrollo en los últimos cinco años, y ahora representan cerca del 58 por ciento de los usuarios en todo el mundo. Se estima que ya hay unas 3000 millones de personas con celular. Particularmente, "en África, donde el incremento en términos de número de subscriptores de teléfonos celulares y el ingreso al mercado ha sido el mayor, esta tecnología puede mejorar la calidad de vida de la población en general", asegura el informe. El problema es que, justamente en África, más concretamente en el Congo, la explotación de un material necesario para la fabricación de celulares está impulsando conflictos bélicos terribles. Se trata del coltan, denominación usual de la aleación de dos minerales: Columbita (col) + Tantalita (tan). Este material es vital para fabricar aparatos electrónicos, centrales atómicas y espaciales, misiles balísticos, videojuegos, equipos de diagnóstico médico, trenes magnéticos y fibra óptica. Pero el 60 por ciento de su extracción y comercialización se destina a fabricar condensadores para teléfonos móviles y, al parecer, no se puede reemplazar por otra cosa. El 80 por ciento de la producción mundial de coltan viene del Congo. Y las disputas por el control de su producción están generando cruentas catástrofes humanitarias desde hace más de una década. Se estima que sólo en la región operan 23 grupos armados y todos van detrás de lo mismo: la riqueza mineral. Además, según un informe del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas difundido en el 2001, algunas trasnacionales de celulares financian a través de intermediarios clandestinos a los bandos en pugna. Entonces, a pesar de su contribución para que el resto del mundo pueda tener celulares a granel, la República Democrática del Congo es uno de los países más pobres del globo, donde miles de desplazados deambulan en medio de todo tipo de peligros y sin los servicios humanitarios más elementales... Parece que para que en muchos lugares del mundo se disfrute de ciertos adelantos técnicos, el precio pueden ser condiciones infrahumanas de vida en algunas regiones olvidadas."
miércoles 1 de diciembre de 2010
El espíritu enfermo
Tragedias familiares de Marcos Rosenzvaig reúnes tres inmersiones del autor en el universo del teatro clásico... “Un motivo transversal a las tres piezas,” como muy bien anota María Gabriela Rebok en el prólogo, “es el imperio violento de la enfermedad.” El sustento teórico de este hilo conductor se encuentra en el penúltimo libro publicado por Rosenzvaig: El teatro de la enfermedad (2009). Allí hay un recorrido notable, desde la antigüedad hasta nuestros días, guiado un poco por el fantasma de Susan Sontag, por las metáforas y las significaciones de la enfermedad en los grandes momentos del teatro. Así, acá, la mayoría de los personajes están enfermos, enfermos por el destino (o la existencia), por la pasión (el amor enfermo, acaso la nueva versión del amor loco) o por la fe (la religión como enfermedad). Rosenzvaig parece haber captado el núcleo excesivo, adiposo, de toda enfermedad, y con este duro diagnóstico vital, se convierte en una suerte de doctor especial que, en términos de Deleuze, es un título reservado para los pocos autores que logran captar el espíritu de su época, ese paciente rebelde que nunca hace caso y que prefiere morir a curarse. El doctor Rosenzvaig, quizá, también está consciente de esto.
La nota completa acá.
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miércoles 3 de noviembre de 2010
El Efecto Libertella en el Varela Varelita
Beatriz Viterbo invita a la presentación de El Efecto Libertella. La cita es el sábado 27 de noviembre a las 19:00 horas en el Varela Varelita, Paraguay y Scalabrini Ortiz. Hablará sobre el libro Rafael Cippolini. ¡Los esperamos!
martes 2 de noviembre de 2010
"Patografía, vanguardia, posmodernidad" por H. L.
Si hubiera turnos en la historia, y si ahora le correspondiera el turno a la estética de la nueva derecha, entonces yo cedería lugar a un epígrafe de Louis Pauwels. Con la siguiente aclaración: como esta es una intervención oral, el epígrafe no estará encima del texto escrito sino que estará aquí arriba, en medio de la sala, flotando como un satélite artificial, una pequeña cápsula espacial o, no sé: algo que quede suspendido sobre nuestras cabezas echándonos sus rayos, como un modelo o una amenaza. No tengo otra imagen más violenta y práctica para definir lo que es la imagen posmoderna.
La cita de Louis Pauwels dice:
A partir de ahora, el mundo deberá ser pensado antes de 1789 y después de 2010.
Es decir, entiendo: Antes de la Revolución Francesa, y después de cierta Máquina del Futuro. Nicolás Casullo lee y relee el terror de esa cita, la requeterrolea y concluye lo siguiente:
¿Antes de 1789 y después de 2010? ¡Ajá! Eso parece Latinoamérica: "Una sociedad de siervos que está mirando por T.V. la guerra de las galaxias".
Para cualquier humanista dueño de la Historia (digo de la historia de pasos sucesivos) este alto contraste puede producir un shock eléctrico o un efecto de escalofrío: algo muy antiguo y algo muy futuro. Algo anterior a él y algo que lo sobrepasa. Como un salto al vacío ideológico. Pienso, de pronto, en el cine: esos perros del desierto que son los personajes de la película Mad Max: hombres que habitan en basurales pero que manejan aparatos de extrema complejidad; que comen comida de perros pero en latas industriales. Pienso en las películas de Andrzej Zulawsky: Posesión, La tercera parte de la noche, Una mujer pública. Y también en Hitler: un sueño alemán, esa imaginería de muñecos sofisticados que por todas partes cacarean un terror antiguo y anterior a toda idea de sociedad. Pienso también en algo muy antiguo (cuatro orangutanes de frente estrecha y nuca aplanada) y algo muy del futuro (esos cuatro orangutanes manejando un coche Ford Falcon lleno de botoneras y computadoras hiper). Pienso, por último, en la figura que puede englobar a todos ellos: la de un cavernícola que está atrapando a su presa, pero ahora con un "raye" personal que se hace un lazo que se hace un finísimo rayo láser en la mano (así está atrapando a su presa).
¿Será éste un imaginario de época?
Ahora bien, entre el 1789 y el 2010 hay un hueco de dos siglos. Por ese hueco se precipitan —ya podemos adivinarlo— no solamente las ideas de desarrollo y de evolución que muchos venían trabajando. También se va por allí todo un conjunto ya armado de creencias, lo que llamaríamos "nuestro saber narrativo": el Relato que nos hicimos de nosotros mismos y de nuestro mundo. Y, por ese hueco, me veo arrastrado a decir que también se van Freud, Marx, Levi-Strauss, las socialdemocracias y toda una historia de la interpretación que habíamos hecho nuestra.
Aquella idea de Pauwels, ya lo sabemos, es la idea del neoconservadurismo: la violenta estética de la nueva derecha. Pero admitamos, por un rato, que también la nueva derecha esté escribiendo sus párrafos en nuestro Relato de Época.
El problema entonces sería el siguiente: ¿qué hacemos como escritores, si ya se instaló entre nosotros la presunción o la amenaza de ese abismo de dos siglos? ¿Retiramos todos los tinglados ideológicos y todas nuestras artesanías, y nos vamos a otra parte? ¿Cómo podríamos seguir, por ejemplo, en el noble empleo de reescribir nuestra tradición? ¿Sentamos a José Arcadio Buendía o a José Cerní en una poderosa motocicleta, y les colocamos en la cabeza un casco ultrasónico? ¿Es tan fácil que nosotros, escritores de América latina, le alquilemos a la cultura postindustrial sus imágenes de identificación? ¿Nosotros, justamente, que como modelo de sociedad estamos sin embargo retrogradando y yéndonos aceleradamente al fondo de la caverna, a ese último resto perfecto de vida civilizada?
Para hablar de Literatura y Sociedad, ¿desde qué lugar, y como qué, dejaremos marcas en nuestra sociedad? ¿Como el Escritor artesano que sigue proponiendo construcciones imaginarias de tipo simbólico? ¿Como el Literato moderno que reescribe y enriquece el cuerpo histórico de la literatura? ¿O, ya en pleno pozo posmoderno, como el Patógrafo que se asume deslizándose por esa pendiente etimológica que va del pathos (es decir, del carácter) a la pasión (es decir, el amor inmoderado) y después al padecimiento y por último a la patología y a la enfermedad o morbo de la letra? (A esta altura deberíamos decir: de la letra-Heroína).
El problema no es tan mecánico como lo propone cierta crítica: a sociedad industrial cultura moderna; a sociedad post-industrial cultura posmoderna. No se trata de apropiarse o no, de traducir o no imágenes post-industriales Es un problema de función y un problema lingüístico, y se manifiesta por todas partes. No sé qué hay detrás de ese arcaísmo exasperado en los versos del peruano Carlos Germán Belli; no sé por qué hay tanto pastiche de la crónica indiana en Abrapalabra, del venezolano Luis Britto García, o en otras veinte novelas de los últimos años; por qué Roa Bastos incrusta en Yo, el Supremo un hipergongorismo de esta especie: "Clavada la Revolución en mi cabeza la pica guíñame su ojo cómplice desde la Plaza". Perdido en esta sintaxis, ya no llego por ningún lado al dictador latinoamericano que tantos estudiaron. Tampoco sé por qué muchos de nosotros hemos recorrido por un rato la retórica del Siglo de Oro, y hemos paseado por esos "descrifraderos" de la literatura. O qué nos dice el hispanismo a ultranza de Macedonio Fernández; o todo ese otro Góngora al cuadrado que llegó a algunos poetas jóvenes después de caminar por el puente Lezama Lima. (¿Recuerdan ustedes? "Un puente, un gran puente que no se le ve / pero que anda sobre su propia obra manuscrita.") Seguramente la obra manuscrita del propio Lezama.
En fin, en todo esto hay un efecto de vuelta al pasado que podría explicarse superficialmente, desde cualquier paradigma teórico: desde la sociología (como si el arcaísmo fuera un modo clasista de protegerse); desde el psicoanálisis (como si fuera el eco o el retorno de una letra reprimida) o bien desde la semiótica. Pero aquella cita de Pauwels deja todas estas interpretaciones peligrosamente entre paréntesis, entre el largo paréntesis de dos siglos: escondidas en un violento repliegue de la historia, como aplastadas por un bandoneón que se cierra. Creo que esta regresión marca un primer contacto con la estética posmoderna.
A continuación, me parece que el patógrafo latinoamericano no piensa. Parece querer decirnos: "No nos confundamos. La escritura no es un pensamiento". El simplemente corre y se desliza por la banda negra de su sueño, que es como correr perseguido por una metralla de balas significantes: como un condenado a muerte.
Así habla, por ejemplo, Emeterio Cerro:Forquearíamos si / que hartamasín / ría /
pañoleante / el fea naba que cerenil (...)
Bubónas ...eran varias escotadas del fondo
del erizo lascivo ...nunca el espino su cruz
le lleve seque del reniego renace un loro en
capullo.
¿Qué es esto? Si —como nos han inculcado desde hace treinta años— el texto es un cuerpo, éste parece el cuerpo-texto de un Ello. Al menos nos evoca lo que puede pasarle a alguien atravesado por toda clase de mensajes y palabras sueltas que quieren comunicarse en él: hacer contacto en él. No es, evidentemente, "histérico", porque la patología del histérico significa la dramatización, la conversión teatral del cuerpo (el neobarroco se parece más a esto). Tampoco es "paranoico", porque la paranoia supone la estructuración de un mundo rígido, organizado y celoso (el nouveau-roman se parece a esto). Es, tal vez, "esquizofrénico", en el sentido de todas las palabras que lo tocan y lo desarman: está abierto a todas ellas, y a ninguna le presenta resistencia. A todas las mira con sus ojos bobos y dilatados, con su mirada neurológica. Es decir que no tiene protección privada ni defensas sobre sí mismo, y aquí veo otro contacto con la estética posmoderna. Una especie de SIDA literario.
Pero ahí están el nictógrafo o "caja de hacer textos" y los mapas astrales de los primeros libros de Arturo Carrera, allá por 1970. Nuestra crisis argentina empezó siendo eso, también: una Constelación de palabras en el cielo estrellado y manso de la pampa: nadie adivinaba que se venían unos nubarrocos bien cargados. Y está esa otra constelación erudita que es toda la obra de Haroldo de Campos. Y ese aire de familia en varias lenguas, en una diáspora desde Nueva York a Madrid, París o las Islas Canarias, desde Octavio Armand a Andrés Sánchez Robayna y a Emilio Sánchez-Ortiz o a los mexicanos Alfonso D'aquino y Adolfo Castañón; desde el francés Gérard de Cortanze al uruguayo Eduardo Milán, a Néstor Perlongher y al español Julián Ríos. Obras para que el lector labre en su propio laberinto de Creta, con mucho esfuerzo de vientre, como dice Julián Ríos: "decodefecando laberintos de ex-creta".
A continuación, me pregunto: ¿por qué lugar de Lezama Lima habrá pasado Sarduy para que muchas otras escrituras terminen en el camino del Big Bang, en lo que queda flotando de nuestra lengua después del Gran Estallido? ¿Por qué lugar de Góngora pasó Sor Juana, para que Octavio Paz y Lezama Lima le hayan mostrado a las vanguardias el lado claro y el lado oscuro de una misma tradición hermética? Ni modernos ni posmodernos, ellos nos dirían: Nosotros seguimos siendo —desde hace siglos de siglos— la "oposición ilustrada". Al fin y al cabo, si pensamos en la estética que vendrá como un terror o una amenaza, "el hermetismo —nos dice Moreno-Durán— constituye la mejor salvaguardia de las esencias con que es posible soportar el futuro". Y aquí veo una enorme diferencia con la cultura posmoderna.
Esa tradición, como si fuera El Árbol, me parece que hace eco en formas que vienen de distintos troncos: el concretismo; la hermesis verbal (algo que me imagino como hablar con la mandíbula endurecida); la afasia (no el acceso a la interpretación que sugiere Jakobson, sino el arte de dejarse distribuir en los silencios de la frase: una de las muchas formas de la Dispositio); el grotesco; el neo-neobarroco; la perversión textual que no reconoce ningún referente y ningún fin; el arcaísmo (del que ya hablamos). Y también, por qué no, esa práctica infantil que nos constituye, tan poco estudiada por la lingüística: el idiolecto. Es decir, el vagido de aquel bebé que fuimos, y que todavía sigue escribiendo en nosotros.
Y está, por último, el grafismo. Pienso ahora en la escritura show-low, la de los "chou-lous" (como pronuncian los sureños de Estados Unidos): la del "lento actuar" del drogado. Esos grafitti de pura violencia bilingüe que han dejado los cholos de México en las paredes de Culiacán, Estado de Sinaloa. Unos caracteres latinos ultradeformados que no podríamos entender si no tomamos antes unos pasos de distancia y entrecerramos un poco los ojos: como si para leer en su rabia lo que dicen esos paredones debiéramos tener toda una guía de lectura, y una clave secreta de posición, distancia y mirada: para protegernos de la polución industrial de esa escritura; de su aerosol posmodemo. Lo que visto de cerca es, entonces, puro garabato, de lejos se nos hace un claro mensaje castellano. Pero para llegar a eso hay que dar 15 pasos atrás, dos a la izquierda, y hacer una reflexión de rodilla: como piratas que sobre mapa calculado buscan el botín de la lectura. Por ejemplo, lo que de cerca se lee A Col. Maz. 13 ramo R 5000, de lejos es: Apúrense, en la Colonia Mazatlán la "morra" (ramo, un argot al revés: "la amiguita") tiene cemento fresco para inhalar. Y otra vez me asalta algo muy antiguo y muy del futuro: como la imagen de un cholo drogado, un drogadicto, un troglodita agachado en su cueva y respirando ansiosamente en un balde de pegamento industrial. Digamos: de Resistol 5000 —R5000—.
Para terminar, sólo quise asociar algunos de todos los cruces y diferencias entre las formas de la patografía, la vanguardia y la posmodernidad. Por ahora basta decir que Vanguardia siempre ha sido, justamente, eso: una red de contactos y diferencias con la cultura de su momento. Y que —aunque la palabra vanguardia sea y sea siempre objeto de un miedo disfrazado de desdén— sin embargo hoy esa red de la vanguardia nos sigue protegiendo por debajo, para no caer en ese profundo pozo de dos siglos que nos anunciaba Pauwels.
Héctor Libertella
Fuente: AA.VV. (1987): Literatura y crítica: Primer encuentro, UNL, 1986, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, pp. 99-104.
lunes 1 de noviembre de 2010
Entrevista a Nicole Brossard
Nicole Brossard es una de las más reconocidas poetas canadienses de habla francesa en la actualidad. Nacida en 1943 en Montreal, donde aún reside, Brossard inició su carrera en 1965 con Aube à la saison. Hoy en día su obra consta de una treintena de títulos repartidos entre la poesía, el ensayo y la novela, muchos de ellos traducidos a los principales idiomas de Occidente. Brossard también es una suerte de paradigma canadiense de la causa de la mujer y la defensa de los derechos humanos y pertenece a la Academia de Letras de Quebec. Además, como si todo esto fuera poco, en 2003 fue nominada para uno de los premios más importantes de Canadá, el Governor General´s Award. En castellano se puede encontrar su excelente novela Barroco al alba (1995) editada por Seix Barral, una de cuyas partes transcurre en Buenos Aires, ciudad que Brossard ha visitado varias veces. En nuestro país, por otra parte, Botella al Mar publicó En el presente de la pulsación (2000), con versiones de Sara Cohen y Alicia Genovese, y La Luna Nueva su Diario íntimo (2003), traducido por Raquel Heffe.
domingo 3 de octubre de 2010
Invitación para Literaturas limítrofes
UN DIÁLOGO LITERARIO ENTRE PAÍSES VECINOS
El miercoles 6 de octubre a las 19:00 hs. en el CCEBA: Paraná 1159.
Por si te interesa (y te lo perdiste) lo podés ver completo acá.
En Argentina es común hablar de los "países limítrofes", sobre todo en alusión a cuestiones migratorias y sociales. No es tan común hablar del diálogo (o su ausencia) literario entre Argentina y Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile, sus vecinos geográficos. Abordar ese diálogo (o su ausencia) significa pensar, una vez más, las relaciones de centro y periferia, en nuestro mundo policéntrico y multiférico, cuando ya ha acabado lo que ha dado en llamarse el proceso de "latinoamericanización" de Argentina, en un momento en que la hibridación de aspectos tradicionales de la cultura local con elementos propios de las culturas vecinas es más intenso e interesante que nunca.
Mesa: ¿Borges contra Neruda? O qué hacemos con la herencia de Mario Levrero y Roberto Bolaño.
Los cánones movedizos del Cono Sur. Fricciones entre poesía, prosa y teatro. Préstamos entre tradiciones colindantes. El problema del canon masculino.
Conversación entre Marcelo Damiani (Argentina), Ana Harcha (Chile) y Fernanda Trías (Uruguay).
El miercoles 6 de octubre a las 19:00 hs. en el CCEBA: Paraná 1159.
Por si te interesa (y te lo perdiste) lo podés ver completo acá.
sábado 2 de octubre de 2010
Un gran poema de Carlos Schilling
Si cada noche vuelven las estrellas
y vuelve el viento y vuelven a fundirse
los amantes y el mar en mi memoria,
si hay más vasos, más sed y más botellas
y brindar equivale a despedirse,
¿es el fin el principio de otra historia?,
¿es la respuesta siempre otra pregunta?
Miren ahora donde el dedo apunta,
¿qué ven?, ¿fantasmas, hombres o mujeres?
Tal vez existen demasiados seres
en cada ser y demasiados mundos
en cada mundo y nunca se terminan,
no, pasan pero nunca se terminan
las horas y minutos y segundos
que faltan para ver el fin de todo
y su principio y cuál sería el modo
de conocer que en la A ya está la Z
y que las sobras son la obra completa,
cuál, cuál sería el modo de volver
a romper este vaso en otra vida
y contar cada vidrio y suponer
que la suma es la forma y la medida
de un acto para siempre reversible.
Tiene que ser, sí, debe ser posible;
más que posible, justo; más que justo
necesario, sentir el mismo gusto
de este vino en las bocas no besadas
todavía, en las lenguas descarnadas
de quienes nunca fueron mis amantes
y abrazarme a sus cuerpos palpitantes
para que mi memoria sea el mar
mismo y el viento y vuelvan a brillar
otra vez, cada noche, las estrellas...
De Confesiones impersonales, Alción, 2010.
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